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Opinión | CORTO Y AL PIE
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España no puede retrasar más el Corredor Mediterráneo

Tarragona afronta el inicio de las obras del Corredor Mediterráneo en el túnel de Roda de Berà

Tarragona afronta el inicio de las obras del Corredor Mediterráneo en el túnel de Roda de Berà / ZOWY VOETEN

València volverá hoy a alzar la voz por el Corredor Mediterráneo. Reducir la iniciativa a un lamento territorial o a un rito anual es un error mayúsculo, igual que lo es procrastinar en el desarrollo de una infraestructura tan estratégica. Mientras Europa acelera sus avenidas logísticas, España avanza con una lentitud exasperante en una vía clave para la competitividad del país.

Esto ocurre a pesar de los esfuerzos de la plataforma empresarial QuieroCorredor, que desde 2016 ha impulsado un proyecto en el que muy pocos creían. Su labor de lobi ha dado fruto y, por ello, hoy celebrarán su último gran acto de movilización, reconociendo los avances alcanzados, pero insistiendo en lo esencial: que se eviten palabras vacías y anuncios menores y que se cumpla lo planificado, en tiempo y forma.

El Corredor no es un empeño local. Está llamado a ser la arteria que conectará los puertos que más exportan, las empresas que más actúan como tractoras del país y los territorios que más aportan al PIB. Mejorará la eficiencia logística y acercará la descarbonización, en línea con las prioridades europeas.

Resulta chocante, por eso, que el Gobierno anuncie mejoras de velocidad en el AVE entre Madrid y Barcelona -bienvenidas, por supuesto— mientras el Corredor Mediterráneo carece de calendarios creíbles y compromisos auditables. No se trata de comparar territorios, sino de invertir en aquellas infraestructuras que garantizan un retorno económico, social y climático relevante, avalado por la Unión Europea.

El Gobierno, y en particular el ministro Óscar Puente, presente hoy en València, debe rendir cuentas y asumir compromisos de ejecución y de gestión verificables: fechas públicas de cada tramo e informes periódicos de seguimiento. Si España quiere ser un actor de primer orden en el mapa europeo, el corredor mediterráneo no puede seguir esperando. Es una oportunidad que no se debe desperdiciar y que requiere acción por parte de todos, no solo palabras.

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