El oro se acaba
Si no aceleramos descubrimientos, permisos y reciclaje, el oro del futuro a medio plazo será menos abundante, más caro y moralmente más exigente

El precio del oro toca un nuevo récord por encima de los 3.800 dólares
La semana pasada saltaba la noticia de que la onza de oro ha cruzado una barrera psicológica en dólares tras meses de subida. Digo que es psicológica, ya que en euros/gramos esa barrera no existe: el 'récord' es más mental que material. Y, como era de esperar, toda la narrativa en los medios acerca del precio del metal amarillo se centró en la creciente demanda de oro como causante del 'rally'. Querría, sin embargo, abrir un debate más largoplacista y mover el foco hacia la 'oferta' de oro. En concreto: ¿puede el mundo 'quedarse sin oro' económicamente accesible en unas décadas?
¿Hay vida más allá de la demanda?
La explicación ortodoxa es muy simple: demanda, demanda, demanda. Para no regurgitar lo ya sabido, la lista rápida para explicar la demanda de oro ya la conocemos: refugio ante riesgos, dólar flojo, tipos reales contenidos, y flujos a ETFs (léase, fondos de inversión en oro).
Unas cifras para orientarnos. Si nos olvidamos por un momento de los precios y nos centramos en las toneladas de oro, el año completo 2024, con 4.974t, apenas superó en un 1% la del año anterior. Lideraron esa demanda la fabricación de joyas (2.003t), los inversores, tanto lingotes como monedas (1.186t) y los bancos centrales y privados (1,044t). Los componentes electrónicos, que usan oro por necesidad, no por inversión o lujo, supusieron únicamente 326t.
La pregunta es: ¿de dónde salió todo este oro adicional en 2024? Pues, básicamente, de la minería (3,661t) y del reciclaje de joyas o de electrónica (1.370t). Curiosamente, la extracción minera de oro ha llegado a máximos en 2024 desde hace tiempo y se va acercando a las 4.000t.
La cara oculta de la ecuación: la oferta y sus límites
Y es que si todos hablan del porqué compramos más oro; casi nadie analiza del cómo sacarlo de la tierra, cuánto queda realmente, y a qué coste. En estos momentos se estima que el oro bajo el suelo consiste en unas reservas económica y técnicamente accesibles de entre 55.000 y 57.000t. Con masivas inversiones y un coste de extracción hoy por hoy prohibitivo (a los precios de oro actuales) se han identificado en todo el planeta Tierra un total de 132.000t.
Por tanto, un cálculo de servilleta de papel nos dice que 55-57 mil toneladas disponibles y un ritmo de extracción necesario de unos 3,3-3,7 miles de toneladas, quedan reservas para 15 o 17 años. Parece que queda lejos. Pero no tanto…
De hecho, si observamos las tendencias actuales, se observa que la 'calidad' de los yacimientos es cada vez peor: la conocida 'ley media' ha caído un 13% desde 2010. Eso significa más roca, más energía y más coste por onza recuperada. Para empeorar las cosas, los plazos de desarrollo desde la exploración inicial hasta la primera onza extraída (incluyendo permisos, CAPEX, ESG y complejidad técnica) ya llegan a más de 20 años de media, lo que neutraliza cualquier respuesta rápida a un incremento súbito de la demanda. Por si eso fuera poco, los gastos dedicados a exploración y descubrimientos van a la baja (-15% en 2023 y -7% en 2024) y el número de grandes hallazgos está en mínimos históricos. Por último, la presión ESG, cada vez más importante no sólo a nivel de recursos (con leyes medias cayendo) sino a nivel humano.
Reciclaje y 'minería urbana': ¿el comodín?
Alrededor de un cuarto del suministro anual ya proviene de reciclaje; cuando el precio sube, el reciclaje reacciona al alza. Por ejemplo, el mundo generó 62t de chatarra electrónica en 2022, pero solo el 22.3% se recicló formalmente; ahí se incluyen metales por valor de 90.000 millones de dólares, de los cuales sólo hay unos 15.000 millones en oro potencial. De modo que la minería urbana no sustituye a la minería primaria a corto plazo, pero amortigua la escasez y reduce huella ambiental si se escala.
Por tanto: ¿Se acaba el oro?”
Físicamente, no: existe mucho oro sobre el suelo y reservas que crecen con precio/tecnología. Económicamente, sí podemos 'quedarnos sin' oro barato y rápido: la oferta marginal se vuelve más cara, lenta y arriesgada. Conclusión intermedia: el riesgo de escasez económica en las próximas décadas es real si descubrimos poco, conseguir permisos e inversiones para proyectos sigue costando décadas, y la demanda oficial sigue firme.
Las implicaciones para inversores y políticas públicas e industriales son, en mi opinión, claras. Para carteras de inversión, el 'nuevo régimen' sugiere que las caídas podrían encontrar suelo por demanda estructural (bancos centrales/ETFs), mientras que la oferta no puede responder deprisa, lo cual es una receta perfecta para volatilidad alta en el corto plazo. Para reguladores: acelerar permisos sin rebajar estándares poniendo más énfasis e incentivos al reciclaje y a la trazabilidad (etiquetas “oro reciclado/urbano”). Para la industria: más CAPEX en exploración, tecnologías humanamente sostenibles, limpias y tecnologías de reprocesado.
Una nueva forma de hablar del oro
Querría acabar diciendo que no se trata de si hay oro, sino de a qué coste, a qué ritmo y con qué impacto podremos extraerlo. La barrera psicológica en dólares por onza nos distrae; la verdadera barrera es física, temporal y regulatoria del lado de la oferta. Por tanto, si no aceleramos descubrimientos, permisos y reciclaje, el oro del futuro a medio plazo será menos abundante, más caro y moralmente más exigente.
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