Un Franco, tres franquismos
Max Weber dijo que el protestantismo fue el nido en el que creció el capitalismo. Algunos creen que en España este papel fue ejercido por el Opus y que por eso el franquismo asumió en 1959 las recetas del Fondo Monetario Internacional y la economía despegó

Francisco Franco, bajo palio durante la visita a una catedral.
Murió hace 50 años, pero gobernó con plenos poderes desde 1939. Fue una larga dictadura tras una larga Guerra Civil, con muchos muertos, muchos condenados y muchos exilados. Siempre fue una dictadura, pero sobrevivió a la derrota del fascismo adaptándose a las circunstancias. Paul Preston afirma que calificarlo de fascista no es correcto. Cree que era un general muy reaccionario, de mentalidad colonial (Marruecos) y que añoraba la España imperial. Su familia de marinos de Ferrol quedó marcada -lo explica bien Giles Tremlett en la última biografía del dictador- por el desastre de la Armada en Cuba en 1898. Tenía entonces 6 años.
Franco ha gobernado más de un tercio del siglo XX y marcado la historia de España. Pero -más allá de la condena política y moral- conviene analizar el personaje y su periodo. Franco sólo hubo uno. Un general reaccionario que ya antes de la dictadura era hermético y oportunista. Así fue general de la República y solo en el último minuto se unió al golpe del 36.
Franco siempre fue Franco, pero hubo tres franquismos. El primero, el despiadado de la Guerra Civil, contra una República que tampoco era modélica, y que dura hasta 1945. Alarga la Guerra Civil, sin complejos ante los métodos más sanguinarios para lograr un país exhausto y aplastar el republicanismo. Es la orgullosa España de los vencedores, con su cuñado Serrano Suñer al lado, y con claras complicidades con Mussolini y Hitler, aunque sin cortar puentes con los anglosajones de la No Intervención. Y apuesta por el fascismo porque está en alza, le conviene la Falange, la ayuda italiana y alemana es clave y cree que el Eje ganará. Gobierna con una represión muy dura, pero también con el apoyo (el Frente Nacional tuvo muchos votos el 36) de quienes se sintieron amenazados por la República.
Pero Franco no es un ideólogo. Si el Eje pierde… a sobrevivir. Ya había echado a Serrano Suñer, pero en 1945 apuesta por un cambio de cartas. Las democracias y la URSS han ganado la guerra. Para resistir al aislamiento internacional, y a las tentaciones de los generales monárquicos, nombra ministro de Exteriores a Alberto Martín Artajo, un 'propagandista católico' cercano al cardenal Herrera Oria. ¿Un franquista democristiano? Quiere parapetarse con el Vaticano (Concordato de 1952) y con el miedo americano a Stalin, haciendo de baluarte contra el comunismo (tratado militar con Estados Unidos de 1953). Franco resiste con los suyos, una represión más selectiva y la neutralización de los militares monárquicos con el pacto con don Juan de Borbón para que Juan Carlos estudie en España. Un periodista americano le pregunta cómo ha conseguido sobrevivir un aliado de Hitler y Mussolini y la respuesta muestra su frialdad: ellos perdieron su guerra, yo gané la mía.
Pero la dictadura y la autarquía impiden que España se una a la prosperidad europea posterior al 45 y el PIB no recupera el nivel de preguerra hasta 1952. En la crisis de 1957 Franco encargó la economía a dos tecnócratas del Opus (Alberto Ullastres, Comercio, y Mariano Navarro Rubio, Hacienda). La balanza de pagos es penosa (escasean las divisas, incluso para comprar gasolina) y ambos ministros le dicen que la única salida es devaluar la peseta (1959) y un plan de estabilización del Fondo Monetario Internacional. Franco lo acaba tragando, la economía se abre, llegan inversiones extranjeras y en los sesenta el turismo ayuda, se crece con fuerza. Franco aguanta, pero debe abdicar de su nacionalismo. Y el desarrollo comportó reclamaciones salariales (nace CCOO) y protestas de estudiantes e intelectuales que no se podían -se había pedido entrar en el Mercado Común- liquidar como antes. La dictadura aguanta porque España deja atrás la pobreza, pero la sociedad es cada día más alérgica a una trasnochada dictadura. Cuando Franco muere, el 'búnker' ya está muy solo.
El tercer franquismo modernizó España. Ese fue su final. Decían que, muerto Franco, las instituciones. Pero Juan Carlos, su sucesor designado, inició la Transición y en menos de dos años España, por primera vez desde 1936, volvió a votar en libertad.
La dictadura no cayó derribada, como un año antes en Grecia o Portugal, pero desacreditada desde hacía tiempo, desapareció con el dictador.
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