"Seis siete", la solución al Universo

Escrito en el suelo de la Universidad de Washington / Jan-Janko / Creative Commons CC0 1.0
En las aulas norteamericanas se ha prohibido a los niños que pronuncien las palabras «seis siete» en este orden, puesto que han adquirido el sentido de un código revolucionario obsesivo aunque indescifrable. Han intentado resolverlo sin éxito los solemnes The Wall Street Journal o The New Yorker, por lo que este escrito sirve solo de notificación sobre una propagación universal, sin ninguna esperanza de alcanzar una conclusión verosímil. Desde que «Seis siete» o «Six seven» apareció hace un año en la canción Doot Doot (6 7) del rapero Skrilla, no ha abandonado los labios y por tanto las mentes de la juventud estadounidense. Un colectivo de lexicógrafos la ha elevado a Palabra del Año 2025.
En Guía del autoestopista galáctico, la «Respuesta a la Pregunta Definitiva sobre la Vida, el Universo y Todo» es «42». Se ignora de dónde procede una solución que en la novela ha requerido millones de años de esfuerzo computador, también se desconoce el tenor concreto de la pregunta resuelta. «Seis siete» supone de alguna manera una simplificación de las ecuaciones de la física, una rebelión de las generaciones Z y Alfa antes llamadas adolescentes. Los adultos intentan descalificar la elegancia de una cifra que abarque el cosmos como la «basura cerebral» generada por las redes sociales. Denigra lo que no aciertas a comprender.
La polarización ha suprimido la discusión, nadie está dispuesto a apearse de sus convicciones. «Seis siete», que también ha sido etiquetado como un meme, supone la depuración del mensaje por encima de ideologías, y es una cifra más de las que podía pronunciar Joe Biden sin trabarse. La voluntad de enlazar con los semejantes requiere un mensaje elemental pero polisémico. No es necesario leer o contemplar cientos de reportajes sobre Ucrania, ni siquiera disimular que se han deglutido a través del puré de la Ignorancia Artificial. Con «seis siete» se adquiere una comprensión similar, es el nuevo «Amén» o «Aleluya» indistintamente, y cumple con la religión numérica. En realidad, la complicación y la sofisticación no nos estaban llevando a ninguna parte.
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