Opinión | El mar alrededor
De Jane Austen a Franco y las mujeres ahora
No pueden quedar en el olvido todos y cada uno de los momentos en que los derechos de las mujeres han caído, porque han sido ellas mismas quienes han ostentado el poder de recuperarlos, siempre.

Barcelona celebra los 250 años de Jane Austen: imágenes de la gran Reading Party literaria / Zowy Voeten
Jane Austen estuvo en Barcelona un buen rato el domingo, la misma mañana que la cursa de dones teñía de un rosa eléctrico las afueras del Hivernacle de la Ciutadella donde su nombre y sus hazañas literarias y de pensamiento resonaban por las paredes de cristal. La autora nació hace 250 años pero como toda gran artista su legado prolonga su voz narrativa hasta estos tiempos inciertos para el feminismo, no hay más que echar la mirada atrás. Después de la gran sacudida de conciencias que supuso el #Metoo, la indignación ciudadana por las agresiones sexuales de manadas de hombres,y la lucha por la defensa del consentimiento en las relaciones, hemos entrado en una extrañamente quieta llanura emocional. No es cansancio ni fin de un movimiento, lo que vivimos, pero hay mucho de silencio autoimpuesto en las mujeres ante las hordas de trolls y las cargas reaccionarias. Cuántas mujeres piensan estos días, de nuevo, que mejor no hablar de según qué temas para evitar ser juzgadas, mejor no posicionarse en una polémica que implica derechos de igualdad para no ser burladas o cuestionadas, etiquetadas, menospreciadas.
Austen reaparece, de la mano de una serie de actos organizados por Biblioteques de Barcelona, el último domingo caluroso de otoño para interpelarnos con su defensa de la integridad intelectual de las mujeres en unos tiempos en que no podían ser independientes, ni tener autonomía económica, y que solo a través del matrimonio podían prosperar. Jane Austen, una escritora que bebió culturalmente de los vientos protofeministas que sopló Mary Wollstonecraft, la autora del ensayo ‘La Vindicación de los derechos de la mujer’ en 1792, también de la novela menos conocida ‘María o los agravios de la mujer’. La escritora fue vilipendiada y sus reivindicaciones pisoteadas en su época, pero la semilla de la razón ya estaba plantada y ahí estaban mujeres como Jane Austen para regarla y hacerla crecer con los cuidados propios de un jardinero que sabe que está ante una flor delicada. Austen dio visibilidad a las complejas relaciones sociales donde la mujer tenía que abrirse paso con inteligencia y cierta estrategia para encontrar un sitio en el mundo que no le venía dado por nacimiento.
A ratos me parece que en ese laberinto de formalidades y osadías, de cálculos de sensatez y aventura, es donde ahora nos encontramos, temerosas de perder lo ganado, ávidas de recuperar lo perdido, con la ilusión de ser más, mucho más. 250 años solo son un salto en el tiempo que tiende a caer en bucles, y ahí tenemos ahora el aniversario de la muerte de Franco para recordar cómo vivían las mujeres hace cincuenta años, aquí mismo. ¿Podían viajar solas? No. ¿Podían tener crédito? No. EL PERIÓDICO despliega hace semanas una apuesta descomunal para explicar a quienes no han vivido esa represión lo que era el franquismo, también para recordar a los que estaba allí que eso existió, que no puede quedar perdido en la memoria, como no pueden quedar en el olvido todos y cada uno de los momentos en que los derechos de las mujeres han caído, porque han sido ellas mismas quienes han ostentado el poder de recuperarlos, siempre.
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