Unidad y resistencia
Sería patético que, en tiempos excepcionales, el debate sobre la necesidad de un frente de izquierdas soberanistas quedara abortado por la indolencia con excusas ideológicas históricas o de agravios pasados

Oriol Junqueras. / Quique Garcia / EFE
Tomo prestado de mi abuela el dicho ‘costarà Deu i ajuda’, usado para expresar que para según qué trabajos ni el Todopoderoso saldría del aprieto solo. He aquí el reto de las izquierdas soberanistas para responder unidas al tsunami reaccionario global, ya hecho realidad en nuestro país, que el proceso de independencia había aplazado. Efectivamente si en el próximo ciclo electoral, Esquerra, CUP y Comuns y todos los entornos sociales y culturales del catalanismo partidarios de la construcción de una solución basada en un reparto equitativo de la riqueza y del derecho a decidir continúan instalados en las zonas de confort, poco podrá hacerse desde Catalunya para impedir la victoria de Feijóo/Abascal en las elecciones que deben convocarse a lo sumo en 2027. Y en cuanto a Catalunya, el año siguiente, el retroceso impedirá conformar mayorías progresistas en la Generalitat.
Todo apunta a que en el área metropolitana el PSC tenderá a perder votantes en favor de la derecha españolista, que Junts quedará sobrepasada por Aliança Catalana (AC), opción ultraderechista que incluso puede amenazar a Esquerra. En cuanto al resto, los Comuns continuarán transfiriendo votantes y la CUP deslizándose hacia el infierno del extraparlamentarismo.
Ante este escenario, las direcciones de las organizaciones políticas ya tendrían que haber reaccionado enviando un mensaje claro y ajeno a los estrictos intereses partidistas. En el actual contexto de urgencias, solo se puede aspirar a ganar receptividad si se adopta la unidad de acción. Eso sí, real, no la usada retóricamente en el momento de las proclamas.
Los votantes perdidos de las izquierdas solo renovarán la confianza si constatan que los partidos políticos a los cuales habían otorgado sus votos asumen la realidad, la primera lección de la cual tiene por título ‘Unidad y resistencia’. Es decir, poner en valor aquello que las izquierdas pocas veces han sido capaces de hacer al haberse anclado en la competitividad complaciente en épocas de vacas gordas y haber permanecido en el atrincheramiento partidista cuando las cosas van mal.
Cuando Junqueras apunta, de manera excesivamente tímida (“podría ser de interés”, respondió en una entrevista a ‘Crític’), la posibilidad de candidaturas unitarias de la izquierda soberanista para las municipales en las capitales de comarca solo en el caso de que desde los territorios surgiera la necesidad, denota, cuando menos, poco convencimiento. De igual manera, cuando Colau afirma que estaría bien que estas candidaturas existieran, pero a continuación necesita dejar claro que, más allá de las elecciones locales, la cuestión no tiene interés, no esconde cómo el tacticismo la tiene muy atrapada. En cuanto a la CUP, no se la oye porque ha optado a día de hoy por la renuncia a la hora de actuar como agente catalizador de una unidad popular institucional en pro de una gobernanza porosa a las demandas de los movimientos sociales y de la ciudadanía más desfavorecida. Y digámoslo todo, también es muy preocupante que desde la sociedad civil no se levanten voces colectivas o singulares que les den, a todos, el alto.
La imprescindibilidad de poner la izquierda en modo resistencia tendría que obligar a los líderes de la izquierda a dejar atrás todo el lastre de los prejuicios acumulados. Ante el funcionalismo amoral de la ultraderecha, que bastante ventaja lleva en cuanto a la capacidad de penetración de un discurso basado en el fomento del miedo y la mentira, las izquierdas soberanistas se miran el ombligo en un momento en que, salvo las elecciones locales, los calendarios electorales no dependen de ellas. En consecuencia, no es admisible que nuestro país tenga que atravesar el calvario del triunfo del PP, de Vox y el éxito de AC, cuyas consecuencias serán letales para las clases populares y la catalanidad, para, entonces sí, dar la alarma.
A las izquierdas soberanistas se les acaba el tiempo. La misma dimensión convertida en la clave del éxito de la derecha en la medida que a la socialdemocracia, hoy en los gobiernos de Madrid y Barcelona, le será imposible, por muy eficiente que llegue a ser, ofrecer soluciones, por ejemplo en cuanto a la vivienda a fin de anclar a los jóvenes en el sistema democrático, a la misma velocidad que crecen las desafecciones.
En este contexto, sería patético que, en tiempos excepcionales, el debate sobre la necesidad de un frente de izquierdas soberanistas quedara abortado por la indolencia con excusas ideológicas, históricas o de agravios pasados.
No vale ‘ir tirando’.
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