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Opinión | Editorial
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La posibilidad de una movilidad sostenible

El ejemplo del Vallès en cuanto a la posibilidad cierta y comprobable de una movilidad sostenible es un caso de éxito que puede servir como punto de referencia para otras zonas

La estación de ferrocarril de la Universitat Autònoma de Barcelona.

La estación de ferrocarril de la Universitat Autònoma de Barcelona. / ZOWY VOETEN

El ejemplo del Vallès en cuanto a la posibilidad cierta y comprobable de una movilidad sostenible es un caso de éxito que puede servir como punto de referencia para otras zonas y regiones del país. Con la mira puesta en el objetivo de rebajar las emisiones de gases a la atmósfera, en parte debidas a la proliferación de vehículos privados, y de consolidar la posibilidad que una notable mayoría de desplazamientos se lleven a cabo en transportes públicos.

Para ello, como demuestra el Pla Específic de Mobilitat del Vallès, redactado en 2021, no existen soluciones mágicas sino racionales: más inversión, mejores alternativas viarias y un aumento de la conciencia ciudadana. En el informe de seguimiento presentado hace poco en el Parlament de Catalunya, se ha podido comprobar que la realidad está acorde con las previsiones hechas en su momento, en el sentido de aumentar el flujo de transporte público en unas comarcas especialmente densas en temas de circulación y conexión. Si la idea de partida era conseguir que en 2026 la mitad de los trayectos entre Barcelona y el Vallès se llevara a cabo en autobús o en tren, la constatación es que, en este momento, ya se llega al 47% del total, un “hito histórico”, según fuentes del Govern. En relación a 2016, la demanda de autobuses interurbanos ha crecido en un 61,9% mientras que solo entre 2023 y 2024 este crecimiento ha sido del 20%, con una cifra total de unos 24 millones de pasajeros en contraposición a los 14,8 millones del año de referencia. Buena parte del significativo aumento por carretera se debe a las deficiencias conocidas de Rodalies de Renfe, uno de los aspectos capitales a mejorar (especialmente si se compara con las prestaciones al alza de los Ferrocarils de la Generalitat FGC), tanto en la propia estructura como en la calidad del servicio prestado, pero también en relación a la necesidad de establecer intercambiadores que conecten distintas líneas sin tener que pasar por Barcelona.

La inversión inicial prevista de 3.000 millones de euros (con una ejecución de un tercio del total), tanto en acciones ferroviarias como viarias, y también el vencimiento de las concesiones, que pasarán a ser responsabilidad en 2028 del Área Metropolitana de Barcelona (ATM), han de tender a incrementar más aún la cuota modal de transporte público. Será necesario poner especial énfasis en una de las deficiencias percibidas, la falta de conexión interna (solo el 15% de desplazamientos intracomarcales son en transporte público) y la consiguiente obligación de potenciar el eje de la N-150, que va de Montcada i Reixac a Terrassa.

Queda camino por recorrer, pues, pero otro ejemplo notorio, como el del Campus de Bellaterra de la UAB, marca una línea a seguir. Con un flujo diario de unas 40.000 personas, ha conseguido pasar a ser un polo de movilidad sostenible, teniendo en cuenta su estratégica ubicación en la confluencia de vías tan transitadas como la AP-7 y la C-58. Tres de cada cuatro personas se desplazan hoy en transporte público, un cambio notabilísimo tanto entre los estudiantes como entre el personal académico, debido a la calidad y frecuencia de los servicios de autobuses y trenes. Una referencia a tener en cuenta, tanto por la conciencia ambiental como por la progresiva descarbonización de nuestro entorno.