¿Me puedes dar un 10, por favor?
¿Con un 8 o un 9 no estaríamos satisfechos? La competencia en nuestro mundo hipercapitalista es feroz

Imagen de archivo de una teleoperadora. / josep cano
Llamo a un 900 de una empresa de seguros para solicitar información. A veces, cuando telefoneas a estos números gratuitos, te toca una persona con experiencia, que lleva décadas atendiendo a clientes, y te resuelve las dudas cuya amabilidad y sencillez son admirables. Sin embargo, esto es cada vez más difícil en este mundo de trabajos precarios. En mi llamada, después de pasar varios filtros automáticos —pulse 1 si..., pulse 2 si..., pulse 0 para volver a escuchar el mensaje—, y después de cinco minutos de una musiquita monótona, me atendió un chico que me ayudó a medias. Sabía de qué le hablaba, pero él no estaba seguro de si mi perfil encajaba, etcétera. Cuando terminamos, me dijo con voz tímida: “Ahora le llamarán para una encuesta de satisfacción. Si me puede dar un 10, me iría muy bien. Menos de 10 no sirve para nada”. Unos días después, una agente de mi banco me llama para comentarme una promoción de tarjetas de crédito. Le digo que no me interesa y ella no insiste, pero antes de colgar me dice: “Tengo que pedirte un favor. Te enviarán un email con una encuesta. ¿Me puedes dar un 10?”.
Hace tiempo que esta petición es habitual. Detrás hay alguien que se dedica a presionar y juzgar a los trabajadores, pero ¿en qué momento de la vida las cosas son un 10? ¿Con un 8 o un 9 no estaríamos satisfechos? La competencia en nuestro mundo hipercapitalista es feroz. Supongo que son estrategias de márketing para tener al cliente contento y al vendedor comprometido, pero yo veo ahí una falta de autoestima general. Si no estoy contento, ya me quejaré, y desde luego no te daré un excelente. Por otro lado, valorar del 1 al 10 es simplista, al igual que dar estrellas a una película, un libro, un restaurante. Se eliminan los matices y las opiniones se vuelven banales.
Quizás porque saben que estos métodos tienen un aire extorsionador —y, no nos engañemos, porque son más caros de mantener— cada vez hay más teléfonos de información que sustituyen a la voz humana por un bot de Inteligencia Artificial. Se equivocan igual, o más, pero al menos no les obligan a mendigar un 10 como quien pide que le salves la vida. O un día más en el trabajo.
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