Conspiradores de todo a cien
Conspira que algo queda: es el lema de parte de una generación política de aluvión y sin principios
Leire Díez: 7 reuniones "en nombre de altas instancias del Estado" con Cerdán de fondo

Lucía Feijoo Viera
En el retrovisor de la historia política las mejores conspiraciones acaban siendo grotescas, pero ya vemos cómo una Leire Díez no es nada si se compara con los grandes conspiradores de otros tiempos. ¿Conspiradora o mensajera intermediaria? Los años de Pedro Sánchez tendrán un apartado histórico para esa galería inaudita de personajes secundarios, de Leire Díez a Koldo, entre la picaresca y el esperpento, duchos en la artimaña digital.
Una generación de conspiradores conspicuos acabó con la UCD de Adolfo Suárez. Al poco tiempo de consumarse la conspiración, Suárez se retiró. La confusión se iba a apoderar del Congreso centrista en Mallorca y llegó el 23-F. Esa es una interpretación candorosa porque las tensiones fácticas tenían un origen más hondo. Fueron tramas distintas, conspiraciones de muy diversa entidad.
En cada circunstancia aparecen personajes muy ilustrativos –o 'icónicos', dicho con la cursilería al uso-, como fue el caso de Luis Roldán, el director de la Guardia Civil que se fugó a Laos. En el PP, el caso Gürtel también puso en el escenario a contables dispuestos a todo.
Pío Baroja dedicó a las estratagemas de Eugenio de Aviraneta las veintidós entregas de 'Memorias de un hombre de acción'. Aviraneta (1792-1872) representa la larga marcha de un conspirador tan enrevesado como íntegro, desde los prolegómenos de la invasión napoleónica, la restauración fernandina, el trienio liberal, las guerras carlistas hasta la caída de María Cristina y el reinado de Isabel II.
No todos los políticos son conspiradores, ni todos los conspiradores son políticos aunque parece evidente que un cierto instinto conspirador anida con brío en los partidos políticos y en las instituciones del Estado. La distancia entre Pérez Rubalcaba y Félix Bolaños, por ejemplo, ilustra un cierto decaimiento de la clase política, erosionada por el descrédito, las complicidades mediáticas y la codicia desatada. Quedan por desentrañar los movimientos oscuros de Ábalos o Santos Cerdán. Conspira que algo queda: es el lema de parte de una generación política de aluvión y sin principios. Ese dilema abunda en los 'Episodios nacionales' de Galdós, en Palacio y en los pasillos de las Cortes.
El proceso secesionista iniciado por el nacionalismo catalán tampoco abundó en talento y calidad, hasta el punto que, a día de hoy, ni se sabe qué pretendían con sus contactos con el putinismo, los acercamientos a China o el futuro de la Catalunya real. Por ahí anda Carles Puigdemont, extraviado en Bruselas, con su interlocutor Santos Cerdán en la cárcel y Junts a punto de presentar los papeles de liquidación por cambio de dueño.
Según nos enseñan los historiadores, no es lo mismo un conspirador listo que un conspirador con inteligencia. Incluso para la más elemental de las conspiraciones hay que ser inteligente. No es que todo pasado fuese mejor sino que, por negar su pasado real, los partidos políticos van hundiendo su presente, al modo del capitán que desestima la aparición de icebergs y se va a la cama, como en Moncloa.
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