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Rescate en el puticlub

Nuestro gobierno tiene en mente abolir la prostitución, un objetivo tan loable como acabar con las guerras en el mundo, con el hambre, con los robos y con las llamadas publicitarias al teléfono

El Gobierno congela la abolición de la prostitución por la falta de apoyos y la excluye de la ley de trata

Prostitución en el barrio del Raval en Barcelona.

Prostitución en el barrio del Raval en Barcelona. / Ferran Nadeu

Hace unos días tuvo lugar una operación de rescate en La Paloma Blanca, que aunque su nombre pueda hacerlo suponer, no tiene nada que ver con la virgen del Rocío, sino que es un prestigioso puticlub a las afueras de Girona. El rescatado se había quedado dormido en el párquing del establecimiento, y cuando quiso regresar a casa, la puerta ya estaba cerrada, así que llamó a emergencias, con muy buen criterio, porque no se me ocurre emergencia más emergente que la de no poder salir de un puticlub mientras le esperan a uno en casa. Se movilizaron Mossos d’Esquadra y hasta bomberos, y consiguieron liberar al putero somnoliento sin necesidad de helicópteros ni de perros adiestrados ni de artificieros ni nada, lo cual habla muy bien de nuestras fuerzas de seguridad.

A mí me parece bien que se rescate a quien esté en dificultades, tanto da que sea en la cima del Puigmal, en alta mar cuando sopla la 'tramontana', o en una casa de lenocinio si se tercia, los impuestos los pagamos para que la administración nos proteja cuando lo necesitamos. En este proteger incluyo el ofrecer una buena explicación a la familia del infortunado al llevarle a casa, aquí tiene a su marido, señora, se quedó dormido en una iglesia, rezando, los muy creyentes entran en trance, recuerde a Santa Teresa, y cuando se quiso dar cuenta, se había largado a casa hasta el párroco, aquí se lo devolvemos.

Cuando el cliente despertó, el dinosaurio seguía allí, es decir, seguía allí La Paloma Blanca, tentadora e imponente como siempre, pero completamente cerrada y con la puerta del aparcamiento sellada. ¿Qué va a hacer un hombre a las siete de la mañana cuando los primeros rayos de sol le hacen abrir los ojos y se encuentra, totalmente solo, en el párquing de un prostíbulo? ¿Esperar a que transcurran unas cuantas horas más y empiecen a llegar otra vez las señoritas para iniciar una nueva jornada laboral, y entonces salir? Eso es impensable, uno puede ausentarse del domicilio familiar unas horas inventando cualquier explicación, una fiesta de empresa o una cena con los compañeros de pádel, pero no hay excusa para una desaparición de 24 horas. Más vale llamar a las fuerzas de seguridad y que le rescaten a uno, salvándole de una -de ahí el nombre- segura crisis matrimonial.

Cuando se permitía fumar en lugares públicos, uno hacía un pitillo tras el acto sexual, las profesionales del asunto eran comprensivas con las tradiciones y no cobraban esos minutos de asueto. Con la prohibición del tabaco, el cigarrillo debe uno fumárselo en el coche, con el peligro de que le entre sueño -nada hay que amodorre más que una buena coyunda- y se quede dormido en el asiento. Eso le ocurrió a nuestro hombre, y cuando quiso darse cuenta se había ido a casa el camarero, el vigilante, los demás clientes y hasta la última puta. Una putada.

Nuestro gobierno -siempre atento a las necesidades de los trabajadores- tiene en mente abolir la prostitución, un objetivo tan loable como acabar con las guerras en el mundo, con el hambre, con los robos y con las llamadas publicitarias al teléfono. Y con las mismas posibilidades de éxito. Mientras no lo consiguen, y se diría que va para largo, podrían procurar por la salud de los usuarios, personas honradas que de momento no cometen ningún delito y contribuyen a la economía. Sumergida, pero economía. No es solo que los clubes de carretera debieran disponer de desfibriladores y de dispensadores de Viagra, es que debieran estar preparados para emergencias de esta clase, de clientes que quedan encerrados sin posibilidad de regresar a casa, donde les espera la señora, los niños, y a veces la suegra, todos ellos con el ay en el cuerpo, pensando que al padre de familia la habrá sucedido algo irreparable. Lo único que le ha sucedido es que le ha entrado sueño, algo en sí mismo inofensivo, salvo que ocurra en el párquing de un puticlub.

Entiendo que dotar a los prostíbulos de salidas de emergencia para casos como el señalado, puede dar como resultado la huida de clientes sin pagar, que hay mucho caradura. Se podría por lo menos crear una aplicación de móvil, para puteros en situación de emergencia. Hace poco nos pusieron a todos en alerta por teléfono, porque el cielo amenazaba cuatro gotas y, en cambio, a nadie se le ocurrió procurar por un señor encerrado en un puticlub, que eso sí era peligroso y podía suponer una tragedia, por lo menos para él.

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