Lux (Rosalía), del decir al mostrar

L’artista Rosalía ha llançat el seu quart disc, "Lux" / ALBA GIRALDO
Sin ánimo de entrometerme en las labores de Jordi Bianciotto, el último disco de Rosalía me parece excepcional. Por el resultado musical, hablo como oyente no como el crítico que no soy, pero también por la concepción, por el cuidado de todos los detalles y porque no tiene textura de LP sino de sinfonía. Cada detalle está cuidado y el público tiene la sensación de que Rosalía ha estudiado mucho y durante muchos años para concebirlo, fabricarlo y presentarlo en sociedad. Ha estudiado idiomas, ha estudiado géneros musicales de diverso pelaje y se ha sumergido en el mundo de la mística, estéticamente pero también conceptualmente. Con Lux, Rosalía ha roto dos estereotipos. El que le habían asignado los ignorantes que la consideraban poco más que una lerda que se pintaba las uñas y cantaba lo que le ponían por delante. Y el que le asignaban los polarizadores que consideran que no se puede ser joven y albergar alguna forma de religiosidad o que no se puede ser feminista y abordar el misterio de Dios. Rosalía, como casi todas las personalidades geniales, es inclasificable, crea nuevas categorías y supera los muros infantiles de la polarización maniquea.
La propuesta de Rosalía ha provocado la reacción incluso del obispo de Sant Feliu de Llobregat, Xabier Gómez. Hombre al que le gustan los riesgos, sobre todo si es para dialogar con la cultura actual. El prelado ha confesado que “no la entiende” aunque en el subtexto de su carta abierta se llega a adivinar que le ha gustado. La argumentación del obispo me ha recordado las reflexiones de Wittgentein sobre el lenguaje cuando afirmaba que hay realidades que no se pueden “decir”, solo se pueden mostrar. Lo dicho es filosofía. Y lo mostrado acostumbra a ser arte. Todo indica que lo que muestra Rosalía en Lux aún siendo introspectivo no es único, muchos jóvenes pierden el miedo a reconocer que, aunque no conecten con las confesiones establecidas, más o menos próximas culturalmente, se resisten a taponar la religiosidad que surge de lo más hondo de su ser. Que no les gusten las instituciones religiosas podría haber dejado de ser un obstáculo insalvable. Lux.
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