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Opinión | CORTO Y AL PIE
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La AP-7, del peaje a la penitencia

Un muerto en un accidente entre tres camiones en la AP-7 en L'Aldea (Tarragona)

Un muerto en un accidente entre tres camiones en la AP-7 en L'Aldea (Tarragona)

Moverse entre València y Barcelona casi nunca había sido tan difícil, como bien sabe quien tiene el hogar y el corazón compartidos entre las dos ciudades y recorre esa ruta a menudo, ya sea en tren o en coche. Al suplicio de desplazarse por el corredor mediterráneo de nunca acabar se unen los accidentes y los atascos kilométricos de la AP-7, la autopista más transitada de Catalunya. En la última semana se han sucedido tres accidentes de gran calado, protagonizados por camiones, en el sur de Tarragona y en un tramo de dos carriles. Los hechos dejan en evidencia a una infraestructura que está al límite y a unas instituciones que han demostrado una clara dejadez de funciones.

Desde que se levantaron los peajes en 2021, la que debía ser una conquista ciudadana se ha convertido en una penitencia para los conductores, que se sienten abandonados día tras día, fin de semana tras fin de semana. No podía ser de otra manera después de que la gratuidad no viniera acompañada de un plan de mantenimiento de la AP-7 . Tampoco se planificó cómo absorber el tráfico pesado que se iba a desplazar hasta allí , ni cómo garantizar la seguridad de una vía que, sin alternativas ferroviarias sólidas, se convierte en un gran embudo para los vehículos.

La responsabilidad de este caos es compartida entre el Gobierno -titular de la AP-7 y máximo responsable- y la Generalitat, que debe velar por el tráfico y la movilidad. Ambas administraciones, además, sufren otra parálisis estructural: la de contar con unos presupuestos prorrogados, tan escasos como la propia autopista. Por su parte, las manzanas podridas del sector del transporte tampoco están libres de culpa, al exprimir rutas y poner en peligro la seguridad de unos conductores que, en ocasiones, también abusan de la velocidad y de las maniobras de alto riesgo.

Urge dejar de mirar a un lado y repensar la AP-7, una infraestructura crucial que debe ser segura, fluida y moderna y que requiere gestión, inversión y responsabilidad compartida. 

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