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Opinión | Debate público
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Escuchar lo (im)posible

Es lo más importante que ha hecho un grupo editorial en los últimos años: impulsar desde el diálogo aquello que no parece posible porque no está en la normalidad del momento

Diálogos imposibles con María Márquez y Juan Carlos Caballero

Me cuenta alguien que estuvo la pasada semana en los “Diálogos (im)posibles” organizados por EL PERIÓDICO en Madrid que los dos protagonistas, María Márquez, portavoz del PSOE en el Parlamento de Andalucía y Juan Carlos Caballero, portavoz del PP en el Ayuntamiento de València, se pasaron los teléfonos al finalizar el encuentro y prometieron llamarse. Un gesto simple y sencillo que muestra la forma correcta de actuar y de la que carece la política actual.

Este tipo de encuentros es lo más importante que ha hecho un grupo editorial en los últimos años: impulsar desde el diálogo aquello que parece (im)posible porque no está en la normalidad del momento. Aquello que parece una locura, una memez, una chiquillada pero va a la profundidad de la esencia democrática: entenderse tras escuchar.

El mundo político sufre una moda de radicalización que no se va a detener. En las estructuras de los partidos se han instalado rutinas de agitación que afectan a los que en principio son moderados. Si no existe chirrido, oxidación en las palabras, vómito radicalizado, a veces peligrosamente jocoso, no hay mensaje. Y si este no se posiciona por encima del resto, fracasa. Es necesaria la bilis de la ignorancia.

El dato no verificado, y solo estudiado vagamente, es cuántos ciudadanos están hartos de estas metodologías de radicalidad que llaman la atención, pero sirven de bien poco, sirven de nada. Cuántas personas comienzan a desconectar de la vida política democrática porque sienten que no va con ellas, aunque se hable de problemas que les afecten.

Escribía Jean-Jacques Rousseau en su 'Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres' que es “contrario a las leyes de la naturaleza que un imbécil guíe a un hombre sabio”. Así, el problema no es que existan sabios e imbéciles; el enigma es por qué en momentos concretos de la historia universal las sociedades se dejan mecer por los segundos.

La Transición española, tan criticada y denostada en momentos de la cronología reciente, estuvo liderada por personas sabias. Hay que serlo para encontrar vínculos empáticos con aquel que parece tu enemigo, pero solo tiene ideas diferentes. El objetivo, en definitiva, es encontrar vías de solución a cualquier problema expuesto sobre la mesa. Y es lo que hicieron diputada y concejal utilizando una metodología que siempre funciona: respetarse.

La educación política, en la mayoría de instituciones políticas, ha desaparecido. Esa es la percepción que llega al ciudadano y es la realidad. No es un 'fake'. Se puede demostrar casi cada día en el Congreso, en el Senado, en la Asamblea de Madrid o el parlamento valenciano. No cito el Parlament de Catalunya porque todavía está sumergido en una fase de descompresión, tras los 10 años intensos de 'procés'.

Así, las pinceladas del cuadro que se dibujó la semana pasada en el Círculo de Bellas Artes de Madrid fueron serenas y de escucha. Ello significa “prestar atención a lo que se oye”. No hay mayor acción de respeto, de interés. La política precisa de ello. Los 'dementores' de la cosa pública son insaciables.

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