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Opinión | Nodos
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Humanidad con wifi

Nada sustituye a un abrazo humano, pero la tecnología, cuando es amable, fácil y empática, otorga seguridad y, consecuentemente, autonomía personal y dignidad

Un taller del hub tecnológico de Zamora en el que se presentaron mascotas robots para las personas mayores.

Un taller del hub tecnológico de Zamora en el que se presentaron mascotas robots para las personas mayores. / Jose Luis Fernández

Me enternece ver a mi hijo desviviéndose por su abuela. 'Ella cuidó de mi cuando era pequeño', sonríe, mientras el recuerdo se llena de humeantes tazas de caldo, que siempre le tenía a punto. Ahora él lo organiza todo para que ella, casi nonagenaria, esté segura y sienta que la queremos. Intentamos adaptarnos a su ritmo, lento, cada día más lento. Queremos ofrecerle que siga siendo la protagonista de su propia vida. Y ahí, las ayudas, tanto humanas como tecnológicas, son la salvación. La de la abuela, la de toda la familia.

Las personas mayores -como todo el mundo- necesitan afecto y atención, vivir en un hogar limpio y organizado, higiene y cuidado personal, comer adecuadamente, tomarse bien la medicación, poder desplazarse y distraerse y tener la seguridad de que, si algo les pasa, alguien se dará cuenta y vendrá en su auxilio. Aunque vivan solas, no están solas. Por supuesto que nada sustituye a un abrazo humano, pero la tecnología, cuando es amable, fácil y empática, otorga seguridad y, consecuentemente, autonomía personal y dignidad.

Cierto es que las máquinas pueden ser frías, distantes y diseñadas con tal complejidad que, ni con las mejores instrucciones, los que no nacimos ingenieros adivinamos su funcionamiento. El reto, pues, no es tecnológico, es humano. Se trata de conseguir aparatos que no haga sentir pequeños a los mayores, sino justo lo contrario, que engrandezcan sus posibilidades. Que los artilugios de todo tipo tengan suficiente sensibilidad y sencillez para ser útiles. Que las pantallas no nos separen, sino que nos acerquen. Que los robots no sustituyan a las sonrisas, sino que las hagan posibles. Una videollamada cada tarde, un asistente de voz que recuerde la hora de tomarse la medicación o encienda las luces a los primeros pasos. Una cámara discreta, sin invadir, que dé tranquilidad a quien vive solo y a quien ama desde la distancia.

No es magia, es humanidad con wifi. Porque, cuando la tecnología se coloca al servicio de la vida, nos conecta y cura, y cuando acompaña, dignifica.