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Opinión | Cumbre de Brasil
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Un mal clima

La reunión del COP sería el lugar donde no solo debería alzarse la voz de alarma sino implantar políticas que frenen esta locura

Sánchez afirma que España está trabajando en nuevos impuestos a los jets privados: "Quien más contamina debe pagar, es lo justo"

Brazil President Luiz Inacio Lula da Silva, center, U.N. Secretary-General Antonio Guterres, right, and Brazil Environment Minister Marina Silva attend a plenary session at the COP30 U.N. Climate Summit in Belem, Brazil, Thursday, Nov. 6, 2025. (AP Photo/Fernando LLano) Associate Press/ LaPresse Only Italy and Spain. EDITORIAL USE ONLY ITALY AND SPAIN

Brazil President Luiz Inacio Lula da Silva, center, U.N. Secretary-General Antonio Guterres, right, and Brazil Environment Minister Marina Silva attend a plenary session at the COP30 U.N. Climate Summit in Belem, Brazil, Thursday, Nov. 6, 2025. (AP Photo/Fernando LLano) Associate Press/ LaPresse Only Italy and Spain. EDITORIAL USE ONLY ITALY AND SPAIN / Associated Press/LaPresse / LAP

¿Destinaría una parte de sus impuestos a preservar la selva amazónica? En el momento en que las partes implicadas se reúnen en Belem, en la desembocadura del río Pará, capital amazónica, la selva sigue desangrándose y el clima va a peor.

Tres décadas después de que se creara esta conferencia multilateral, con la idea de frenar las emisiones de CO2 que calientan el planeta, el mundo está pasando por una de sus peores pesadillas climáticas. Estados Unidos ha dejado de creer que es importante. La ausencia de representantes del gobierno del país que más emisiones genera por habitante lastra, sin duda, esta cumbre en Brasil. Pero no únicamente, con una geopolítica más polarizada que nunca, con las instituciones multilaterales sin capacidad de reacción, no parece una cumbre prometedora. Este último año hemos tenido más catástrofes devastadoras. Desde que se estableciera el límite razonable de no aumentar más de 1,5 grados desde la época industrial, en 2025 ya lo hemos superado. Lo que nos queda por delante empieza a inquietar porque, de todas las posibles crisis que nos amenazan, la del clima nos afecta a todos. Es la gran crisis global. La que va a disparar enfermedades infecciosas y crónicas, la que ya desplaza a millones de personas en amplias zonas del planeta, la que genera lluvias torrenciales como la dana o sequías persistentes que impiden desarrollar cultivos.

La reunión del COP sería el lugar donde no solo debería alzarse la voz de alarma sino implantar políticas que frenen esta locura. Sin embargo, desde hace ya unos años en estas reuniones tienen un peso desproporcionado los estados productores de combustibles fósiles, y compañías extractoras que envían a un ejército de abogados para evitar que cambie nada. Sabemos que estamos mal, muy mal. Lo que deberíamos esperar de esta cumbre son medidas radicales, como destinar impuestos por mantener las selvas que oxigenan el planeta en Brasil, Congo o Borneo. Tal vez, si las hacemos de todos, tengamos más fuerza para pedir explicaciones y frenar a quienes solo generan mal clima.

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