AstraZeneca combate la falsa decadencia de Barcelona

El hub de AstraZeneca en Barcelona inaugura su sede en el edificio Estel / ZOWY VOETEN
«¿Cómo vienes a vivir a Barcelona, un sitio del que hay que irse ahora?». Es una frase que un buen amigo barcelonés escucha a menudo ahora que ha regresado a su ciudad natal tras haber vivido fuera. Pero él, como yo, lejos de huir, está encantado de poderse quedar. Barcelona es nuestro sitio y un lugar magnífico para vivir.
En los últimos años se ha extendido un relato que define la ciudad como inhabitable, cara, hostil, insegura, sucia y tomada por los turistas. Algunos de esos adjetivos son ciertos -negarlo sería infantil-, pero reducir Barcelona a esa caricatura es injusto y doloroso. La ciudad, con todas sus imperfecciones, continúa latiendo con fuerza, por su pasado, por su presente y por su futuro. También, por el dinamismo de sus habitantes.
Si Barcelona estuviera realmente en decadencia, ¿por qué tantas empresas y proyectos internacionales deciden instalarse aquí? A Microsoft, Sanofi, Siemens o Scopely se ha unido esta semana AstraZeneca, con la inauguración de su hub mundial de investigación en el edificio Estel. El proyecto absorberá una inversión de 1.300 millones de euros hasta 2027. Allí trabajarán más de 1.200 personas de 32 nacionalidades distintas. Entre ellas, destaca una generación de investigadores barceloneses que han podido retornar a su ciudad, como mi amigo, para desarrollar su carrera profesional. Todas estas empresas se integran en el ecosistema de Barcelona y generan prosperidad para la ciudadanía. La investigación es sinónimo de progreso.
En este contexto, el gran riesgo para la capital catalana no es la suciedad ni el turismo, sino el estado de ánimo depresivo de una parte de la población que amenaza con cronificarse. Ese derrotismo puede acabar contagiando a los valores fundamentales de la ciudad -su creatividad, su ambición, su confianza y su capacidad de atracción de talento-. Barcelona no debe abusar de la nostalgia, sino mirar al futuro con optimismo. Ha de reconocer y corregir lo que duele, pero también mantener lo que vibra. Porque, le moleste a quien le moleste, la ciudad está viva.
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