Dos que cabalgan mal
Tras la ruptura de Junts, Sánchez se ha quedado sin mayoría para gobernar. Y tras la obligada dimisión de Mazón, en Valencia el PP ha quedado en manos de Vox
Junts materializa su bloqueo y veta todas las leyes de PSOE y Sumar en el Congreso
Vox pide al PP que aclare ya el relevo de Mazón para negociar con él

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, durante una sesión de control, en el Congreso de los Diputados. / EUROPA PRESS
Es obvio que Feijóo, con la dimisión final de Mazón, y Sánchez, tras la reafirmación por Míriam Nogueras de que no hay marcha atrás en la ruptura anunciada por Puigdemont, han tenido una pésima semana. Lo grave es que no es algo semanal, sino que implica un suspenso general a su política.
Se puede criticar lo heteróclito de la coalición de la investidura que permitió a Sánchez repetir como presidente, tras haber perdido ante Feijóo las elecciones de 2023. Y el pacto con Puigdemont a cambio de la amnistía. Pero la amnistía ha liquidado el 'procés' y el independentismo ha perdido su mayoría. Catalunya hoy está desinflamada (Puigdemont dice anestesiada). Y Sánchez solo podía lograr esa investidura si quería seguir gobernando.
Pero la realidad es la que es. Y en 2025 se ha visto que la heteróclita coalición de la investidura se había evaporado. Junts, al contrario que el PNV, perturbaba continuamente la acción del Gobierno. Y la división de la izquierda del PSOE entre Sumar y Podemos hace que Yolanda Díaz reclame -y chillando- medidas imposibles. Al menos, para un Gobierno que necesita los votos de dos partidos de centro. De aprobar la reforma laboral con el apoyo de la CEOE -éxito de la primera legislatura de Sánchez- Yolanda ha pasado a la pelea permanente con el empresariado y a proponer leyes sin medir su coste económico: las 37,5 horas, o ahora el pase de dos a diez días de permiso por el fallecimiento de un familiar cercano. ¡Que paguen ellos!
El Gobierno no puede gobernar porque ya no tiene mayoría, aunque tampoco puede ser derribado porque la moción de censura exige una mayoría alternativa. Y Feijóo no puede mezclar los votos de Vox con los de Junts o el PNV. España ya estaba bloqueada, pero el anuncio por Puigdemont de la ruptura con el PSOE lo “oficializó”. Sánchez no podrá hacer casi nada y parece atrapado. Como en aquella rara jugada del ajedrez del “Rey ahogado”. No se logra matar al rey, pero sí paralizarlo.
Puigdemont rompe porque no quiere que una parte de sus electores -desconcertados- emigre a la extrema derecha de Sílvia Orriols, pero Sánchez insiste en que aguantará (¿resistir es ganar?), aunque sea con respiración asistida. Acepta ahora la propuesta de Junts sobre la multirreincidencia, pero sabe que sus socios de izquierdas no la aprobarán. Ya no es resiliencia sino confiar en la Divina Providencia porque, hoy por hoy y según todas las encuestas, tras las elecciones no podría volver a ser investido.
Pero Feijóo también sufre. Desde el primer día de la legislatura se ha dedicado a matar a Sánchez. Por ilegitimidad (perdió las elecciones), por inconstitucionalidad (la amnistía) y luego por corrupción. De su partido (Blanco, Koldo, Santos Cerdán), de su hermano, de su esposa y hasta de su suegro (las saunas). Al líder de la oposición le pagan por atacar al Gobierno. Vale, pero también debe mostrar capacidad de liderazgo, de propuestas en positivo y coherencia política. Y aquí…
Tras la dana de Valencia, el PP debía relevar a Mazón. Una gran desgracia le puede pasar a cualquiera, pero el centinela no puede estar de excursión. Era difícil porque Mazón -perjudicando las expectativas de Feijóo en la campaña electoral de 2023- ya pactó su investidura con Vox. Vox le blindaba. Pero cuanto antes reventara todo mejor. Pero Feijóo dejo pudrir la situación. Ahora, en Valencia, el PP está en peor situación, no tiene un candidato claro, Vox está crecida y Abascal querrá salir ganando en la operación relevo. Sin elecciones, o con elecciones. Y, además, hay elecciones el 21 de diciembre en Extremadura. El PP ganará, pero volverá a depender de Vox para los presupuestos, lo que quería evitar. En Castilla-León en primavera y luego en Andalucía, donde Juanma Moreno no vive su mejor momento. El PP ganará, pero la dependencia de Vox, que tira al alza, es cada día más evidente.
Y no es lo mismo ganar las legislativas con un 33,1% más un 12,4% de Vox, como en 2023, que con algún voto menos y con Vox subiendo 4,5 puntos, como dice la última encuesta. Ni para Feijóo, ni para España.
Estamos bloqueados porque los dos principales líderes -que no saben rectificar- cabalgan mal. Sánchez va camino de la UCI. Y la mayoría de Feijóo es cada día más prisionera de Vox. ¿Cómo salimos?
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