Opinión | Redes sociales
Ahora solo me salen cosas de Rosalía
Si la juventud es sinónimo de rebeldía, romper el algoritmo debería significar sublevarse

Imagen de archivo de manipulación de móviles. / EP
Después de una semana en la que la cantante ha sido la protagonista indiscutible y de haber estado buscando sus canciones para escuchar el nuevo disco, en las redes solo me aparece contenido sobre ella. Incluso puedo llegar a cansarme. De ella, de su sensibilidad, de sus fans y también de sus 'haters'. El algoritmo ahora solo me habla de ella y me pregunto todo lo que me estoy perdiendo. Todo ese contenido que no veo porque no me aparece. Quizás también encajaría con mi perfil, pero nunca lo sabremos. El algoritmo es como las anteojeras que se les ponen a los caballos para que no se asusten cuando cabalgan por la ciudad. Nos impide ver más allá de lo que ya conocemos y limita nuestra visión del mundo.
Sentirse vivo —ese espíritu dominante de la juventud y de quienes creemos que todavía lo conservamos— debería ser querer romper el algoritmo.
Pensemos en el caso de la flotilla. Dos personas, amigos míos, discutían sobre el tema. Uno de ellos, que solo recibía contenido de la 'Barbie Gaza', no podía entender cómo el otro, informado sobre la flotilla desde otra perspectiva, no la conocía en absoluto. En el círculo del algoritmo del primero, crítico con el espíritu de la flotilla que quiso romper el bloqueo humanitario impuesto por Israel, la activista se había convertido en el icono de lo que pensaban. Una acción de postureo, vacía y previsible. Cada uno vivía en una burbuja informativa diferente. Y eran incapaces de romperla a pesar del interés sincero que ambos tenían por el tema. Tenemos acceso a muchísima información, pero solo a la que el algoritmo decide mostrarnos.
Si la juventud es sinónimo de rebeldía, romper el algoritmo debería significar sublevarse. Buscar activamente aquello que no se nos muestra. Pero el consumo de redes parece tan inocuo que no nos damos cuenta de cómo nos aisla. Nos movemos dentro de estos círculos cerrados sin cuestionarlo.
Esta semana hemos conocido un estudio del Institut Català Internacional per a la Pau que revela un dato inquietante. Solo un 36 % de los hombres jóvenes entre 18 y 24 años en Catalunya creen que la democracia es el mejor sistema político. Yo quiero saberlo todo sobre su algoritmo. Quiero entender qué hay detrás de ese desencanto. Quizás, siguiendo determinadas tendencias en redes, han quedado atrapados en burbujas de opinión nocivas. Quizás su percepción política está sesgada por la información limitada que consumen.
Si ser joven —o mantenerse joven de espíritu— es salir a explorar los márgenes, tener curiosidad y no conformarse con lo que se nos da, entonces ser joven debería ser querer romper el algoritmo.
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