El Barça es todo lo que toca
El club ha hecho justo lo contrario de lo único razonable, que sería emitir un comunicado contundente condenando cualquier vulneración de los derechos de los trabajadores
Nuevos despidos en el Camp Nou tras las protestas: 14 trabajadores 'sin papeles' son cesados

Trabajadores del Camp Nou falsean el sistema de fichaje para acceder a las obras / VÍDEO: EL PERIÓDICO
El Barça es todo lo que salpica, roza y comparte aire —directa o indirectamente— con el propio Barça. Hay que ser muy esnob para creer que el club empieza y acaba en las virguerías de Lamine Yamal, en la última ocurrencia de Laporta o en los dimes y diretes del vestuario.
El Barça no cabe en los 90 minutos que dura un partido: se desborda y arrastra todo lo que toca a su paso.
Precisamente por eso, las sucesivas y lamentables irregularidades laborales vinculadas a las obras del Camp Nou hablan mucho —y muy mal— del club y de su compromiso con los derechos laborales más elementales.
Quizá la entidad azulgrana no sea responsable legalmente de las prácticas abusivas del grupo turco Limak o de cualquiera de las otras subcontratas que nutren de mano de obra a la adjudicataria de las obras; pero sí lo es, sin excusa alguna, de su falta de ética y de su incapacidad para reaccionar ante prácticas escandalosas. Su silencio —o su tibieza— pesa tanto como las irregularidades que el presidente Laporta califica como “incidencias”.
Lo peor es que, lejos de atajar la situación, el club la ha justificado. Lo ha hecho su vicepresidenta institucional, Elena Fort, asiéndose a un convenio de la construcción en el que no hay ni rastro de que un obrero pueda cobrar 6,5 euros brutos por hora (incluso por debajo del SMI), no tenga derecho a percibir horas extras o pueda ser despedido si denuncia prácticas abusivas o habla con la prensa.
El club ha hecho justo lo contrario de lo único razonable, que sería emitir un comunicado contundente condenando cualquier vulneración de los derechos de los trabajadores y anunciando un control exhaustivo de las prácticas de la empresa responsable de la ejecución de las obras.
Tampoco entiendo por qué la crisis no ha desatado la indignación de los y las 'culers'. Una afición históricamente crítica no puede ahora estrenar unos asientos atornillados en condiciones propias del siglo XIX.
El Barça es todo lo que toca, no solo la pelota.
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