Padres drones
Este fenómeno nos indica no solo un exceso de responsabilidad paternal, sino también una fragilidad notable en unos hijos que justamente entran en el período más crítico para acentuar la madurez
Los padres helicóptero llegan a la universidad: "Vienen a pedir explicaciones sobre las notas"

Encuentro con universitarios que hablan sobre la sobreprotección de algunos padres. / Jordi Otix
Hace unos días, Olga Pereda firmaba un reportaje sobre la llegada de los llamados "padres helicópteros" a la universidad. Todo venía a raíz del anuncio que se hizo viral de un profesor de la Universidad de Granada en el que informaba que "no se atienden padres" porque se da el caso, un minúsculo detalle, de que los estudiantes ya son mayores de edad. Y aunque no lo fueran. Debemos suponer que se llega a los estudios superiores con un grado de independencia notable que hace inútil e innecesario el piloto de referencia que vigila a los hijos y que sobrevuela el territorio por el que tendrán que circular.
Puedo dar fe de ello, pero no pensaba que la presencia de estos padres (la figura del helicóptero, que no sé de dónde sale, es ilustrativa) llegara hasta los despachos del profesorado. Lo comprobable y cada vez más extendido es la presencia de los progenitores en el momento de la matrícula. Acompañan a los hijos y les ayudan a elegir las optativas, si es que no son ellos los que, directamente, las apuntan en la hoja. E incluso se plantan frente al mostrador de admisiones y formalizan el ingreso de los niños. Soy de una época en la que era impensable que un padre pisara la universidad. Habría sido visto como un cuerpo extraño en ese entorno y habría provocado el enrojecimiento en las mejillas del neófito.
El hecho de que intervengan en el día a día de las aulas –aunque sea en casos puntuales, es un fenómeno en crecimiento– nos indica no solo un exceso de responsabilidad paternal, sino también una fragilidad notable en unos hijos que justamente entran en el período más crítico para acentuar la madurez, personal e intelectual.
Pero creo que deberíamos cambiar la nomenclatura. Más bien se trata de "padres drones". A diferencia del helicóptero, que es más ruidoso y controla a cierta distancia, el dron penetra en la intimidad y, sin hacer tanto ruido, aparece en las situaciones más impensadas. Como una de esas molestas moscas que estos días de bonanza otoñal, en un noviembre demasiado cálido, se resisten a desaparecer del panorama.
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