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Opinión | Trama corrupta

Rosa Paz

Rosa Paz

Periodista. Comité editorial de EL PERIÓDICO

Sánchez en su laberinto

Las andanzas del trío formado por Ábalos, Cerdán y Koldo han sumido al Gobierno, al partido, a la militancia socialista y, por supuesto, al propio presidente en una crisis de difícil solución

Sánchez pide "perdón" por confiar en Santos Cerdán, evita concretar su responsabilidad y descarta elecciones

La UCO señala al propio Sánchez: cesó en el verano de 2021 a Ábalos por cobrar mordidas "a espaldas del partido"

Pedro Sánchez, tras la rueda de prensa del pasado jueves en la sede del PSOE.

Pedro Sánchez, tras la rueda de prensa del pasado jueves en la sede del PSOE. / José Luis Roca

Obsesionado con los enemigos externos, Pedro Sánchez no supo detectar que la principal amenaza, la que puede llevarse por delante su prestigio y su Gobierno, la tenía dentro. No es la primera vez que ocurre algo así, se podría hacer una larga lista de corruptos que se han aprovechado de su proximidad a un líder para trabajar en beneficio propio, pero lo conocido hasta ahora no deja de sorprender en alguien tan cauteloso en sus relaciones como lo es el presidente.

No lo ha sido en esta ocasión, porque resulta que la trama corrupta es precisamente la que le proporcionó la infraestructura necesaria cuando, tras ser defenestrado en un ignominioso comité federal, Sánchez decidió tratar de recuperar el poder en el PSOE. Son los tres que le llevaron en un Peugeot a recorrer todas las agrupaciones socialistas de España: Santos Cerdán, José Luis Ábalos y Koldo García. Pocas personas han gozado de tanta confianza en su entorno, en particular Cerdán, al que creyó fielmente hasta que leyó la transcripción de sus conversaciones con Koldo en el informe de la UCO.

Las andanzas del trío, a las que se añade el hecho de que Cerdán y Ábalos han sido los poderosos secretarios de organización del PSOE de Sánchez, han sumido al Gobierno, al partido, a la militancia socialista y, por supuesto, al propio presidente en una crisis de difícil solución. Sánchez ha quedado atrapado en su propio laberinto. Y nadie, ni él mismo al parecer, sabe cómo podrá salir de esta. Si es que puede, porque aunque ha demostrado profusamente su capacidad para sobrevivir a situaciones críticas, en esta ocasión las vías de escape parecen cegadas. 

Su primera reacción fue tratar de limitar el daño al partido, intentando preservar al Gobierno de los efectos de la trama. Pero hay sospechas sin despejar todavía que sobrevuelan lo acaecido. No se sabe si el amaño de contratos solo contó con la actuación de los tres implicados o hubo más colaboradores. Algunos ya se citan en el informe de la UCO. Falta conocer también si el dinero recaudado era solo para ellos, aunque parece que sí, o para la financiación del PSOE. Pero incluso en el caso de que solo Cerdán, Ábalos y Koldo estuvieran implicados y las mordidas fueran solo para ellos, no va a ser suficiente con que Sánchez remodele la ejecutiva socialista. Ni siquiera con que haga cambios en el Gobierno. Su afligida comparecencia del jueves en Ferraz ya se reveló escasa para la magnitud de la crisis de confianza generada en la ciudadanía y, en particular, en sus votantes. 

El presidente puede intentar hacer juegos malabares con los escasos recursos de que dispone, pero, salvo sorpresas, no le servirán para mucho. La única salida viable sería someterse a una cuestión de confianza en el Congreso de los Diputados, para renovar el apoyo de sus socios y recuperar su liderazgo. De lo contrario, solo le va a quedar una alternativa y es convocar elecciones. La experiencia enseña que no existen los milagros, aunque no se puede descartar al cien por cien que la resiliencia de Sánchez aún nos pueda sorprender.

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