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El negocio y la continuidad de la Fórmula-1

La Generalitat aboga por un contrato de largo recorrido para que las inversiones llevadas a cabo sean rentables. Combinar el interés público con el atractivo deportivo y promocional es la carrera que Catalunya debe ganar.

El piloto francés de Fórmula 1 Pierre Gasly, durante la sesión de clasificación del Gran Premio de España en el Circuit de Barcelona-Catalunya.

El piloto francés de Fórmula 1 Pierre Gasly, durante la sesión de clasificación del Gran Premio de España en el Circuit de Barcelona-Catalunya. / Bradley Collyer

Hoy el Circuit de Barcelona-Catalunya vive la 35ª edición del Gran Premio de España, la carrera de prototipos de Fórmula 1 que lleva celebrándose en Montmeló desde su inauguración en 1991. En este caso es la primera vez que es gestionada por la entidad FiraCircuit (dependiente de Fira Barcelona), que este mismo año ha asumido la explotación y gestión del circuito por 20 años, con el objetivo de hacer más rentable la instalación con una diversificación de las actividades más allá de los dos eventos más mediáticos (este mismo Mundial de Fórmula 1 y el Premio de Moto GP) que, hoy por hoy, siguen siendo fundamentales. 

Si en 2024 se congregaron más de 125.000 personas el día de la carrera y unas 300.000 a lo largo del fin de semana, este año se espera que las cifras aumenten, con lo que ello conlleva de fenómeno social y deportivo con una gran repercusión económica. En 2019, un informe del Gabinet d’Estudis Econòmics cifró el impacto en 205 millones de euros, y las más recientes previsiones, aún en curso de publicación, elevan notoriamente la cantidad, en una gran parte debido a la Fórmula 1, por supuesto, pero también a las otras actividades que alberga el circuito. No solo estamos hablando de los 1.600 empleos directos, sino del movimiento que se genera en Barcelona y en todo su entorno, especialmente referido al turismo en general, a la restauración y a las estancias hoteleras, sin olvidar la repercusión mundial del evento y la propia concentración de asistentes. 

Conviene retener estas cifras para entender la dimensión del acontecimiento y el esfuerzo económico que a lo largo de los últimos años ha hecho la Administración autonómica. La entidad Circuits Catalunya (participada en un 78,4% por la Generalitat, con porcentajes menores del ayuntamiento de Montmeló y del RACC) ha acumulado pérdidas de unos 88 millones de euros desde 2010, un déficit cubierto por la Generalitat que solo se revirtió en el ejercicio de 2024, por primera vez con superávit en quince años. A ello debemos añadir el Plan Inversor de renovación del circuito que se aprobó en 2022 y en el que se han invertido, para hacer frente a las exigencias técnicas de Liberty Media (en F1) y de Dorna (en Moto GP), unos 50 millones de euros. El solo hecho de poder contar con los derechos de organización implica abonar un canon que va de los 24 millones en F1 a los 8 millones (que serán 12 en las próximas temporadas) en Moto GP.  

Es decir, la celebración de estas competiciones y la propia viabilidad del Circuito han dependido de la ayuda institucional, que debe valorarse en su conjunto macroeconómico. Ahora, con el anuncio de otro Gran Premio en España (a partir del 2026 y durante diez años, auspiciado por la comunidad en un circuito urbano de Madrid) han saltado las alarmas. La concesión a Montmeló se acaba justamente en 2026 y se ha puesto en duda que ambos puedan coexistir. Los rumores y declaraciones como las de Stefano Domenicali, presidente de la F1, apuntan sin embargo a una línea de continuidad en Catalunya, como así ha defendido el embajador de Montmeló, el piloto Fernando Alonso: «Es mítico e histórico, y es obligatorio que la F1 continúe en Catalunya, para mantener los circuitos tradicionales donde se ha construido la historia». Las negociaciones están en marcha y la Generalitat aboga por un contrato de largo recorrido para que las inversiones llevadas a cabo sean rentables. Combinar el interés público con el atractivo deportivo y promocional es la carrera que Catalunya debe ganar.