Europa: el catalán, aplazado
Sánchez debe asumir que -le guste o no- el PPE es el primer partido europeo y Feijóo que debe ampliar su base en Catalunya y que podría necesitar a Junts y al PNV para la investidura
La UE aplaza la decisión sobre la oficialidad del catalán ante la falta de unanimidad

El ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación de España, José Manuel Albares, en una foto de archivo. / Alejandro Martínez Vélez - Europa Press - Archivo
Catalunya siempre ha querido estar en el mundo como un país con personalidad propia. Y la lengua y la cultura es el gran signo de identidad. Por eso, en su primer año, el president Illa ha impulsado el pacto nacional del catalán, que hoy es más conocido que antes pero menos hablado. Y cuesta entender que Puigdemont no lo haya suscrito, diciendo que la prioridad era que el catalán fuera reconocido como una lengua de la UE. ¿Ahora que la UE lo ha aplazado, el pacto por la lengua es más necesario?
El president Pujol, que sí asistió a la firma del pacto, no paró hasta lograr -pese a muchos obstáculos- el parto de TV3, un gran paso en la extensión de la lengua. Lástima que, luego, TV3 saltara del catalanismo al independentismo y se convirtiera en la televisión de solo una parte de Catalunya. ¿La gran polarización del 'procés' perjudicó también a la lengua?
Los primeros viajes de Illa -como los de Pujol, ufano presidente del Comité de las Regiones Europeas- han sido a Bruselas. Catalunya debe estar en Europa. Y esta semana a Japón para la promoción económica, la exposición sobre Joan Miró de Tokio y actos sobre la gastronomía catalana. Catalunya debe estar en el mundo. Contra nadie. Por eso los presidentes independentistas tuvieron una menor proyección internacional y no pisaron las instituciones comunitarias.
La admisión plena del catalán en las instituciones de la Unión Europea habría sido pues un paso relevante en la ambición de Catalunya. Y ello pese a que la propuesta nacía de un extraño pacto entre Puigdemont en el exilio y Sánchez antes de su última investidura. Puigdemont ha batallado a fondo por la medalla y sus méritos habría tenido.
Pero no era nada fácil. La UE son 27 países, algunos con lenguas minoritarias y recelosos a abrir el melón lingüístico. Además, hay juristas de Bruselas que creen que podría conllevar una revisión de los tratados comunitarios, abrir otro melón. Y en Europa se puede pensar que la democracia española ha tardado muchos años -hasta 2024- en normalizar el uso del catalán, el euskera y el gallego en el Parlamento y que no puede exigir ahora que 27 países soberanos lo hagan en un pispás.
Pero lo relevante es que -pese a todo- ha estado a punto de lograrse. Ningún país se ha opuesto, siete (o diez), de 27, han expresado reservas y pedido más tiempo. Es pues algo posible, si revisamos lo sucedido.
Junts no puede pretender seguir hablando en nombre de toda Catalunya porque Catalunya es mucho más que Junts. Sánchez debe asumir que es difícil que 27 países soberanos aprueben una propuesta -que rompe lo establecido- si el principal partido español de la oposición -que en las últimas elecciones fue el primero en votos- se opone. Y el PPE es -le guste o no- la primera fuerza política europea. Ante Europa y ante el mundo, sin algunas dosis de bipartidismo, no vas bien vestido.
Y el PP debe ir al rincón de pensar. No es lógico que el parlamento gallego -con mayoría absoluta del PP- pida que el gallego sea una lengua comunitaria y que luego el líder del PP, que además es gallego, juegue en contra. Y será difícil tener mayorías y gobernar bien España si el PP no amplía su base en Catalunya. Ir contra el catalán en Bruselas no ayudará a que haya más Albiols en las alcaldías. Al contrario, reforzará la idea, dominante en muchos sectores desde la gran batalla del Estatut (que no era la independencia), de que el PP tiene alergia a Catalunya.
Y la última encuesta electoral, la de Ipsos, le da al PP una clara ventaja sobre el PSOE y 145 diputados. ¿Está condenado a ser investido con la extrema derecha? En Alemania, Merz lo ha excluido. En Polonia, Tusk quiera doblegarla, e incluso en Austria, al final, se ha optado por otra solución. Si Feijóo saca 155 escaños -en el PP creen que 160- podría ser investido con los votos -o la abstención- de Junts y el PNV que -en materia económica- no son incompatibles. Aznar y Rajoy lo saben. Pero eso exige no hacer continuos gestos de desprecio a Junts y al PNV.
Feijóo puede pensar que su prioridad es el corto plazo y que tiene congreso en un mes. “Fuera líos”. Pero, a corto, quizás ha reforzado el pacto Sánchez-Puigdemont. Y ganar y gobernar exige aceptar, torear y superar los líos.
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