El dedo apunta a Feijóo
Resulta inconcebible que un partido que quiere gobernar un Estado democrático vaya tan descaradamente en contra de los derechos lingüísticos de parte de la gente que quiere gobernar
El PP admite contactos con varios países de la UE para evitar la oficialidad del catalán
Junts confía en que la oficialidad del catalán se aborde este mes en el Consejo de la UE

Leonard Beard. / Lavandeira jr / EFE
Aunque Aznar hablaba catalán en la intimidad, en los tiempos felices del Majestic, es un hecho que el amor por nuestro idioma duró los cuatro segundos de aquel idilio impostado. Rápidamente, el PP volvió a su deporte preferido, que siempre ha sido el de consolidar España desde la base de la nación castellana, con un desprecio agresivo contra cualquier otra nación histórica. Y por eso el ataque a la lengua catalana es central y prioritario, porque siempre ha entendido que el hecho lingüístico también es central en la concepción nacional de Catalunya. A través de la desaparición del catalán, el PP aspira a hacer desaparecer nuestra identidad, y a este hito dedica grandes esfuerzos desde que nació como partido, no en vano es el heredero de las peores tradiciones del españolismo reaccionario.
Es cierto que la obsesión contra el catalán es estructural en el nacionalismo español, y no solo se practica en la derecha y la extrema derecha, porque la izquierda española ha participado con igual persistencia. El catalán está en una situación de degradación grave en todo el territorio de su habla (con especial gravedad en las Islas Baleares y en el País Valenciano), y a esta situación agónica no ha llegado por la inercia del tiempo. Desde 1714, el esfuerzo de España por aniquilarlo se ha concretado en miles de leyes, prohibiciones y persecuciones, y en democracia, si bien ha bajado la intensidad, es un hecho que ha persistido la voluntad de minorizarlo. Sea como fuere, desde hace tres siglos, cada generación de catalanes ha tenido que luchar para “salvar els mots”, en bonita expresión de Salvador Espriu.
Ahora la lucha se sitúa en Europa, donde el pacto de Junts con el PSOE ha abierto una posibilidad hasta ahora inimaginable: poder usar el catalán en el Parlamento Europeo. En el momento de escribir el artículo, el tema está en el filo de la navaja y puede avanzar el trámite o caer pero, pase lo que pase, los responsables están perfectamente identificados. Por un lado, nobleza obliga, hay que reconocer que el ministro Albares está desplegando toda su capacidad para intentar la aprobación, incluyendo facilidades, pago del gasto, validez jurídica, etcétera. Esta vez, el PSOE está cumpliendo -o intentando cumplir- con el pacto, y el cambio de criterio, en este sentido, es sustancial. Pero, en el otro lado, el mismo PP ha reconocido que no solo está en contra, sino que ha trabajado intensamente para evitar que el catalán se pueda usar, hasta el punto de implicar al mismo Feijóo en presiones y llamadas. El 'ABC' explicaba, por ejemplo, que el líder del PP había conseguido personalmente que Tajani, el ministro de Exteriores de Italia, le garantizara el boicot. La campaña que ha hecho para desprestigiar al catalán ha sido tan importante que, ciertamente, pude hacer naufragar la posibilidad. Así pues, el PP, que aspira a gobernar España, incluyendo a los 10 millones de catalanoparlantes, ha dejado claro que el catalán es un 'casus belli', que no pertenece a la cultura que hay que preservar y que, simple y llanamente, trabaja para que desaparezca. Jordi Basté se lo preguntaba el otro día: “¿por qué esta aversión profunda, visceral, patológica hacia una lengua que también es patrimonio del Estado que dicen defender?”. La respuesta es evidente: su concepción del Estado no incluye una Catalunya catalana. Lo sabemos, lo hemos sufrido y ahora tenemos la última evidencia, si bien resulta inconcebible que un partido que quiere gobernar un Estado democrático vaya tan descaradamente en contra de los derechos lingüísticos de parte de la gente que quiere gobernar. Y no solo, porque al hacerlo envía una señal: que abandona toda opción de situarse en el centro político y asume como única alternativa ponerse en brazos de Vox. En todo caso, más allá de los bajos instintos de la política, con esta actuación desmesurada, el PP se declara enemigo del idioma catalán.
Una declaración que también habla de su concepción de Europa, claramente contraria a la identidad europea, forjada en la pluralidad de culturas e identidades. El catalán es un idioma hablado por más personas que otros idiomas de la UE, como el finés, el danés, el eslovaco, los bálticos, y otros muchos. Es decir, es un fuerte patrimonio europeo. Pero el PP quiere para Europa lo mismo que para España: uniformidad, dominio y desprecio por la diversidad cultural. En España, lo sabíamos. En Europa lo ha rubricado.
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