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Opinión | Gobierno en minoría
Jordi Mercader

Jordi Mercader

Periodista.

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La calamidad de cada día

Se podría escribir un manual de como Pedro Sánchez dribla a diario la desidia de la oposición oficial y las zancadillas de los teóricos socios. Tampoco Salvador Illa lo tiene fácil

El president de la Generalitat, Salvador Illa, y el presidente del grupo de ERC en el Parlament, Josep Maria Jové.

El president de la Generalitat, Salvador Illa, y el presidente del grupo de ERC en el Parlament, Josep Maria Jové. / David Zorrakino / Europa Press

El Gobierno en minoría no es la panacea del parlamentarismo ni la edad de oro de la democracia como se vaticinó interesadamente cuando las cámaras se fragmentaron por voluntad popular y gracias a la ley D’Hondt. El desinterés de las minorías por alcanzar acuerdos serios con las mayorías minoritarias que permitan planificar el medio y largo plazo empuja a los ganadores de los comicios a establecer gobiernos de supervivencia.

Se podría escribir un manual de como Pedro Sánchez dribla a diario la desidia de la oposición oficial y las zancadillas de los teóricos socios interesados en la gobernabilidad. Tampoco Salvador Illa lo tiene fácil para navegar pese a los miedos de ERC, el resentimiento de Junts y el márketing electoral de los Comuns.

La supervivencia como plan de gobierno supone estar a expensas del trueque impuesto por los socios-opositores, una figura que enmascara a los adversarios más directos del partido del Gobierno como supuesta fuente de estabilidad transitoria. Es un parlamentarismo pobre, una calamidad que no da para aprobar presupuestos ni para alcanzar un auténtico Pacte Nacional per la Llengua.

Esta práctica da para esperpentos como la aprobación diferida del aumento de la tasa turística por diferencias de interpretación de lo que habían votado ERC y los Comuns. También es muy propicia a la pérdida de tiempo como en el caso del Hard Rock. ERC y los Comuns vendieron la supresión de los beneficios fiscales a los casinos como sinónimo de frenazo y el PSC como trámite para seguir avanzando, en cuanto se apruebe el nuevo informe ambiental. A la espera de lo que pueda suceder con la ampliación del aeropuerto, el último ejemplo de intercambio de peras por manzanas ha sido el cierre de la oficina de Acció en Tel Aviv. Tras meses de genocidio israelí en Gaza, la Generalitat cree que, ahora sí, hay que ceder a la reclamación imperiosa de los Comuns, sin reclamarle al Estado que gobiernan la trascendente ruptura de relaciones diplomáticas. Habrá que ver la manzana.

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