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Opinión | Pacte Nacional per la Llengua
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El patio trasero de Illa

¿Se puede ser serio y formal al tiempo que se aprueba una iniciativa de ingeniería lingüística ajena al bilingüismo vital de la sociedad catalana?

Catalunya lanza el Pacte Nacional per la Llengua para ganar 600.000 catalanohablantes

Acto de firma del Pacte Nacional per la Llengua

Acto de firma del Pacte Nacional per la Llengua / JORDI OTIX

Había indicios de que, con Illa en la presidencia de la Generalitat, iba cambiando el tono político de Catalunya, después de los años desventurados del 'procés'. Con Illa, el PSC ha ido ocupando el espacio central del que Pujol se apropió al disolverse la UCD de Adolfo Suárez. Es casos así, los problemas aparecen en el patio trasero.

Es muy curioso porque con Suárez regresó Tarradellas, el pujolismo optó por borrar sus huellas del mapa y es Illa quien ha intentado recuperar los rasgos más convincentes del tarradellismo –respeto institucional, gestos de sosiego, desideologización del catalanismo, cierto orden-. Así han transcurrido tiempos difíciles, encrespados en el conjunto de España por los pactos de Pedro Sánchez para mantenerse en la Moncloa. Salvador Illa está mejor resguardado, aunque con fragilidad parlamentaria.

Si existen pasillos coincidentes entre los pactos de Pedro Sánchez con ERC y los de Salvador Illa es una hipótesis que se refuerza con el Pacte Nacional per la Llengua, dado que la política lingüística fue una parcela cedida a ERC. Hay quien justifica el 'pacte' como maniobra para dividir el independentismo y tener margen para cuando el Constitucional sentencie sobre el 25% de enseñanza en castellano.

Otra forma de verlo es que Illa ha asumido unas propuestas lingüísticas que cada vez tienen menos que ver con la realidad, la de los individuos, de las empresas y de la evolución social. Es más: difieren del gobernar para todos que formuló Tarradellas con su “Ciutadans de Catalunya!”. El actual 'Pacte' da sustento al lobi monolingüista pero, sobre todo, no parece tener en cuenta a quienes –por ejemplo- votaron masivamente por Ciudadanos, acudieron a las grandes manifestaciones contra el 'procés' o no quieren tanta inmersión lingüística.

¿Se puede ser serio y formal en la presidencia de la Generalitat al tiempo que se aprueba una iniciativa de ingeniería lingüística ajena al bilingüismo vital de la sociedad catalana? El eslogan es grotescamente desproporcionado: crear 600.000 catalanohablantes más, en cinco años. Es como si, en lugar de lenguas vivas, se estuviera hablando de repoblación forestal o de electrificar zonas desasistidas.

El 'Pacte' parece no tener en consideración miles y miles de decisiones individuales día a día, nuevos hábitos lingüísticos, mudanzas generacionales, bilingüismo familiar, el ir y venir de los algoritmos, los efectos incalculables de la inmigración. En tiempos de inteligencia artificial y podcast, eso suena a “caixa o faixa”. Es decir: pongan 200 millones al año para más enseñanza del catalán y Catalunya será más catalana y la cultura en catalán será más catalana. Es todo lo contrario de lo razonable: dar flexibilidad a la inmersión lingüística, ese paso que la sociedad catalana necesita dar pronto y bien.

El 'Pacte Nacional per la Llengua' no contempla esa sociedad cambiante. Está atado al mástil de lo mismo de siempre, a sabiendas de que esos tratamientos de urgencia suelen acabar siendo impositivos y poco obedecidos. Hay otro camino y más barato: se trata de entenderse en dos lenguas, casa por casa y barrio por barrio.

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