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Opinión | Nuestro mundo es el mundo
Joan Tapia

Joan Tapia

Periodista. Miembro del Comité Editorial de EL PERIÓDICO.

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¿Qué ha pasado en Criteria?

La tradicional prudencia de La Caixa, y de Fainé, en las inversiones ha chocado con la prioridad al crecimiento de Simón. Desencadenante: la entrada en Celsa

La Caixa prescinde de Ángel Simón y pone al frente de Criteria a Francisco Reynés

Isidre Fainé i Ángel Simón en la presentació del Pla Estratègic 2025-2030 de CriteriaCaixa, l’estiu passat. | KIKE RINCÓN / EUROPA PRESS

Isidre Fainé i Ángel Simón en la presentació del Pla Estratègic 2025-2030 de CriteriaCaixa, l’estiu passat. | KIKE RINCÓN / EUROPA PRESS

Hace muchos años Josep Vilarasau, entonces director general de la Caixa, dio una gran batalla para que las cajas de ahorro pudieran, como los bancos, negociar letras de cambio. Recuerdo que cuando lo consiguió, me dijo: “pero ahora no vamos a negociar letras”. ¿Por qué?, le pregunté sorprendido. “Los bancos conocen muy bien ese mercado con muchos riesgos, no estamos preparados. Lo importante es habernos igualado a los bancos, nada de precipitarnos”.

Ya nadie habla de letras de cambio, pero me he acordado cuando un amigo me ha preguntado las razones de la separación entre Isidre Fainé, presidente de la Fundación La Caixa y de Criteria, y Angel Simón, el consejero delegado de Criteria al que nombró en enero de 2024. Mi amigo me pregunta por influencias políticas y juegos de tronos. Claro, todo cuenta, pero la clave ha sido el tradicional criterio de prudencia de La Caixa en sus inversiones.

Criteria es el primer hólding español, pero para Fainé su objetivo prioritario es financiar, con los dividendos de sus participadas, a la Fundación, la continuadora de la obra social de la Caixa. Desde sus inicios, Criteria ha tenido acciones de Telefónica y de otras 'utilities' como Naturgy, la antigua Gas Natural, que ofrecen una rentabilidad modesta, pero segura. Un servicio público no es una inversión de grandes resultados, pero garantiza unos dividendos correctos con poco riesgo.

Pero la seguridad y la prudencia no debían limitar el futuro. La fuerza de La Caixa siempre fue saber acompasar la seguridad con el liderazgo. La antigua Caixa ya fue -gracias a Jesús Ruiz Kaiser- la entidad más informatizada de España. Por delante de los grandes bancos de entonces.

Por eso no sorprendió que Fainé -una vez consolidada la fusión de CaixaBank con Bankia- quisiera dar más impulso a Criteria -un 75% de las participaciones ya estaban hechas- e incorporara a Angel Simón, un empresario de larga trayectoria, no solo en Aguas de Barcelona sino en Veolia, la gran multinacional francesa. Se trataba de comprar más participaciones en empresas sólidas, como la multinacional catalana Puig, y también en otras de menor dimensión a las que se pudiera ayudar a crecer y tuvieran un horizonte prometedor. Y ello podía llevar -el plan presentado hace un año- a elevar los activos de 30.000 a 40.000 millones.

Pero crecer exige calibrar muy bien las inversiones. La rentabilidad obtenida debe ser superior al coste de los recursos necesarios por lo que las inversiones deben ser rentables y seguras. Y aquí los criterios entre la prudencia financiera de Fainé -cuyo objetivo principal es asegurar el funcionamiento de la Fundación- y los de Simón -más orientados al crecimiento del hólding- han chocado. Y los dos tienen tanto una fuerte personalidad como un gran empeño en sus metas.

Parece que el anuncio de la toma por Criteria de un 20% de Celsa, la antigua empresa de los Rubiralta, que tras una larga y conflictiva suspensión de pagos está por orden judicial en manos de sus múltiples acreedores, ha sido el último desencadenante. El anuncio de la entrada en Celsa -que durante la Semana Santa fue enmendado- se hizo pese a un informe de Jesús Escolano, jefe de créditos de La Caixa durante largos años, que advertía de las graves complicaciones que podía tener entrar en una sociedad cuyo propietario son sus muchos acreedores.

Además, las expectativas económicas no son anteriores a Trump. Las predicciones de una recesión son mayores y Fainé -hace años dejó la dirección general adjunta de La Caixa para estudiar un año en Harvard- sigue con gran asiduidad las perspectivas mundiales. A más incertidumbre, más cautela. Y está claro que primero la crisis bancaria y luego la de las cajas de ahorros se debió fundamentalmente a créditos -e incluso participaciones- en proyectos que no lograron cumplir sus objetivos.

Es esta una clave -no, claro, la única- del divorcio entre Fainé y Simón. Hacer más grande Criteria, sí, pero hacerlo de forma rápida, con operaciones que conlleven riesgos, es otra cosa. No rima con la tradicional prudencia que hizo que La Caixa fuera una de las muy pocas cajas españolas que superara la gran crisis financiera e inmobiliaria de 2008.     

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