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Opinión | Vivienda
Alejandro Giménez Imirizaldu

Alejandro Giménez Imirizaldu

Arquitecto por la ETSAB, profesor de urbanismo de la Universitat Politècnica e investigador del Laboratori d’Urbanisme de Barcelona.

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Me mandaban a rehabilitación y dije no, no, no

Las ayudas pueden caer como agua de mayo si saben esquivar a fondos de inversión y grandes tenedores, apuntando a quien verdaderamente las necesita

Un edificio deteriorado en el barrio de Fondo, en Santa Coloma, uno de los que urgen de más rehabilitaciones en el área metropolitana.

Un edificio deteriorado en el barrio de Fondo, en Santa Coloma, uno de los que urgen de más rehabilitaciones en el área metropolitana. / Elisenda Pons

'They tried to make me go to rehab but I said: no, no, no' (Amy Winehouse, 2006).

La señora María cumplió 85 años el viernes. Vive en un quinto de la Barceloneta. La familia al completo subió a brindar con ella. Comieron pastel. Está haciendo fresco pero la climatización va estupenda. Aerotermia. Financiada con los fondos europeos para la rehabilitación del año pasado. Ella hace cinco que no baja a la calle. No tiene ascensor. A ver si con las ayudas de este año. Los Escudero eran seis de familia y parió la nieta. Ahora son ocho. La pensión de la yaya llega justo al entresuelo de un bloque de La Florida. Dos habitaciones. Los locales de planta baja están vacíos desde los noventa. La calle la han dejado bonita, eso sí, han quitado coches y han puesto árboles, sillas y farolas nuevas. El Paco trabaja en dos turnos para achicar deudas de pandemia. Este mes no podrá cubrir la derrama. Pero la fachada ha quedado niquelada, oiga.

Las ayudas a la rehabilitación están destinadas a los barrios que, por motivos históricos, presentan mayores índices de desigualdad, polígonos residenciales, urbanizaciones marginales y también, alerta, cascos históricos de ciudades catalanas: Olot, Amposta, Vic, Berga, Valls… En bloques y barracas el reparto parece fácil. Entre las casas de pisos antiguas emergen mayores complicaciones. El Raval de Barcelona, por ejemplo, contiene un parque significativo de ‘vivienda de última oportunidad’, pisos de habitabilidad precaria que alojan a familias de recursos mínimos y dificultades de encaje social. Aunque no hayan afinado mucho en el pasado, las ayudas pueden caer como agua de mayo si saben esquivar a fondos de inversión y grandes tenedores, apuntando a quien verdaderamente las necesita. Para hacerlo bien habría que acercarse más al barrio, señorías.

El ático lo han reformado unos suecos. De lujo. Da pena que el dinero público se malgaste. Da rabia que alimente la glotonería rentista del negocio inmobiliario.

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