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Opinión | Ágora
Oriol Junqueras

Oriol Junqueras

Presidente de ERC.

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La patria es una casa

El triunfo del mundo del trabajo por encima del rentismo no es solo una cuestión de justicia social (que también). Es, de forma crucial, una necesidad en términos de construcción nacional

Alquiler de temporada solo para turistas y prórroga a los pisos protegidos: así queda la regulación de vivienda de Catalunya

Archivo - Cartel de alquiler de viviendas en la fachada de un edificioen Barcelona.

Archivo - Cartel de alquiler de viviendas en la fachada de un edificioen Barcelona. / David Zorrakino - Europa Press - Archivo

Francesc Macià, fundador de ERC y primer presidente de la Catalunya democrática, hizo famosa una consigna: la de que todo el mundo, en nuestro país, pudiera tener 'la seva caseta i el seu hortet'. La idea, que supone la primera vinculación entre el problema de la vivienda y una Esquerra Republicana acabada de fundar, fue ridiculizada por una parte de la sociedad, que la tildó de “pequeñoburguesa”. En realidad, la propuesta estaba arraigada en la tradición del republicanismo democrático: solo es libre quien tiene acceso a la vivienda y a medios propios de subsistencia. Quien tiene que pedir permiso a terceros para acceder a ambas cosas no es un ciudadano libre sino, en el mejor de los casos, un siervo a tiempo parcial. Por eso, durante los años de la República, tuvierton tanta importancia la reforma agraria, la ley de contratos de cultivo o el cooperativismo.

Las palabras del presidente Macià mantienen, desgraciadamente, una enorme vigencia en nuestros días, en que la creciente dificultad en el acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los principales problemas sociales y políticos de nuestro país. En este aspecto, la regulación de los alquileres de temporada por el Govern de Catalunya, arrancada por ERC, los Comuns y la CUP al PSC, es un hito importante (si bien insuficiente) que va mucho más allá de una medida técnica o puntual.

Este acuerdo se inscribe, en efecto, en una transformación más amplia del mapa político catalán. Si tradicionalmente hemos entendido la realidad del país a través de los ejes Catalunya/España e izquierda/derecha, desde hace unos años está emergiendo con fuerza un tercer eje: el que opone rentismo a trabajo. Es decir, el que opone una minoría privilegiada que vive de rentas a una mayoría de gente que trabaja, levanta y mantiene empresas, estudia, enseña, cura a enfermos, cuida a familias, y otros muchos trabajos que son necesarias para la vida y la prosperidad de todos. Desgraciadamente, de los tres grandes partidos catalanes, solo ERC está firmemente anclado en el campo del trabajo, con PSC y Junts oscilando entre la ambigüedad y la defensa del rentismo.

El triunfo del mundo del trabajo por encima del rentismo no es solo una cuestión de justicia social (que también). Es, de forma crucial, una necesidad en términos de construcción nacional. La Catalunya a la que nos conduce la dominación rentista es una Catalunya desnacionalizada y desarraigada, donde los vecinos son expulsados por el turismo masivo y los fondos buitre; la lengua catalana es marginada; el comercio de barrio, la industria y el campesinado son aniquilados; el tejido asociativo se va deshaciendo; el ascensor social deja de funcionar; la sociedad se fragmenta; y la población recién llegada es encasillada como 'inmigrante' (o 'expat'), en lugar de convertirse en nuevos catalanes y catalanas.

Decía Aristófanes que "la patria es el lugar donde se está bien". O, dicho de otro modo: es el lugar del mundo donde nos sentimos como en casa porque, realmente, es nuestra casa. La patria es esto: una casa. La lucha por el derecho a la vivienda es, pues, parte de una lucha más amplia para que Catalunya vuelva a ser una casa para todos los que la construyen a diario con su trabajo, hayan nacido donde hayan nacido. Es una lucha para retornar el hecho, el sentimiento y el orgullo de patria en cada villa, cada ciudad, cada barrio y cada familia de Catalunya. Para conseguir que todo el que vive y trabaja en Catalunya vuelva a estar, y a sentirse, como en casa.