
Periodista
El Paral·lel sin luz
Camino por la avenida y lo único que hago es agarrar bien el bolso. Y me da una rabia infinita. Porque Barcelona tenía algo mejor que la capital
El Paral·lel inaugura con una fiesta el gran mural que rinde homenaje al Teatro Talía

El Molino, en el Paral·lel. / EPC_EXTERNAS
“Hi ha carrers que tenen pressa, hi ha carrers que tenen son, hi ha carrers que tenen lluna, hi ha carrers que ho tenen tot". De pequeña, mi colegio me llevó a ver 'Flor de Nit', el musical de Dagoll Dagom que retrataba la Barcelona canalla, libre y nocturna del Paral·lel. Aún hoy esas letras me ponen la piel de gallina. Poco queda de aquel espíritu. Ahora lo que me eriza la piel es caminar por la Gran Vía de Madrid. Yo, que soy 'barcelonina' hasta la médula, ya no sé cómo defender mi ciudad. Camino por el Paral·lel y lo único que hago es agarrar bien el bolso.Y me da una rabia infinita. Porque Barcelona tenía algo mejor que la capital. El Paral·lel era majestuoso, gamberro, libre. Teníamos musicales, 'burlesque', cabaret, crítica social. Y Le Petit Moulin Rouge, rebautizado como El Molino cuando la dictadura prohibió lo de 'rojo', era un lugar donde las mujeres no solo enseñaban pierna: hablaban claro, se reían del poder, denunciaban con plumas lo que no se podía decir en ningún otro sitio. Hoy El Molino sigue abierto, con un cartel que hace que me sangren los ojos cada vez que lo veo y con una programación demasiado heterobásica y simple para el templo que ocupa. Por eso el domingo fui al acto reivindicativo organizado por el colectivo Arnau Itinerant. Allí, frente a El Molino, artistas y vecinas recordamos que el Paral·lel aún puede ser arte y comunidad. “Aunque los heteros estén dentro y los travestis fuera”, soltó con ironía Vidda Priego, artista transfeminista no binaria que sigue abriéndose camino en una ciudad con muchas dificultades, pero con aún más resiliencia. Podéis verla en La Federica, liderando un 'open mic' LGTBQA+ lleno de talento.También actuaron Sara Brown, Jèssica Pulla y muches otres. Y en un momento dado ocurrió algo mágico. Dos hombres sin techo, claramente embriagados, que parecían a punto de pelearse se quedaron en silencio, mirando fascinados lo que ocurría en su barrio. Pensé: “Quizá nunca entren en un teatro, pero hoy han visto algo que no olvidarán”. Hace falta decisión política. Hace falta que el corazón del Paral·lel vuelva a latir. Pero para eso le tendremos que hacer un buen masaje cardíaco. ¿Algún médico en la sala?
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