Saltar al contenido principalSaltar al pie de página
Opinión | 'Incels'
Care Santos

Care Santos

Escritora

Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Moho

Leer a los clásicos enseña, en palabras de Stuart Mill, a «pensar mal de la condición humana». El mundo ha sido siempre más o menos lo mismo y los males tienden a reaparecer

La manosfera, comunidades misóginas en redes sociales

La manosfera, comunidades misóginas en redes sociales

En 1869 John Stuart Mill publicó 'La esclavitud de las mujeres', un tratado muy provocador para su tiempo, en el que denunció la sumisión secular de la mujer al varón, analizó las razones antropológicas y sociales del deseo de preponderancia masculina y entonó una defensa emocionante de la capacidad de las mujeres para igualarse a los hombres en cualquier terreno, incluida la vida pública.

Lo más interesante de este ensayo, que hoy podríamos considerar un pionero del feminismo masculino, además de una obra muy avanzada a las ideas de su época, es la manera en que el autor ataca los comportamientos autoritarios, que para él son hijos de la ignorancia y la indiferencia; y también el modo en que reconoce abiertamente la influencia de su mujer, Harriet Taylor, no solo en su felicidad, sino también en su obra (y en esta muy en concreto).

El mensaje es claro: mejor conocernos, respetarnos y colaborar en igualdad de condiciones para que la sociedad mejore. El tono del ensayo era optimista. Quiero decir, Stuart Mill pensaba que tal cosa ocurriría. Por supuesto, su texto levantó ampollas, especialmente entre la casta masculina que veía peligrar sus privilegios.

Leer a los clásicos enseña, en palabras del propio Stuart Mill a «pensar mal de la condición humana». El mundo ha sido siempre más o menos lo mismo y los males tienden a reaparecer. Sí, de vez en cuando surge un Stuart Mill y ventila un poco la casa, pero la ignorancia y la indiferencia aparecen de nuevo, como manchas de humedad muy persistentes. Le hemos puerto nombres modernos —manosfera, 'incel', movimiento 'red pill'…— pero son los mismos brutos de los que hablaba Stuart Mill. Los culpables de que el mundo a veces sea un lugar lamentable. Mucho más lamentable cuando los machitos más poderosos del planeta son como los brutos lerdos contra los que cargaba el filósofo inglés.

Nos queda el consuelo de saber que, a pesar de todo, las cosas han cambiado mucho desde 1869 y que, precisamente por eso, los 'incels' se ponen como se ponen. Y nos queda también esperar a que llegue pronto otro Stuart Mill, abra las ventanas y ventile un poco el mundo, que huele a moho y cerrazón que da asco.

Suscríbete para seguir leyendo