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Opinión | Conocidos y saludados
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Marco Rubio: en nombre de Trump

Pasó de batirse en primarias para las presidenciales de 2016 contra el actual presidente, a quien atacó de manera inmisericorde por estar en sus antípodas morales, a colaborar con él sin solución de continuidad en su primer mandato

Rutte descarta revisar la definición de gasto en defensa de la OTAN en pleno debate sobre el 2%

Mapa y lista completa de los aranceles de Trump a las importaciones de EEUU, país a país

El Secretario de Estado Marco Rubio en Riyadh.

El Secretario de Estado Marco Rubio en Riyadh. / Freddie Everett | US Department of State | Europa Press

Un arancel es un impuesto que se aplica a un bien o un producto importados en un país. Definición oficial de la palabra del diccionario que más le gusta a Donald Trump. Él mismo lo ha reconocido en muchas ocasiones. Y como su afición por ella viene de tan lejos que ya la reclamaba como empresario, esta semana la ha utilizado como político para declarar la guerra mundial comercial, convirtiéndola en arma de destrucción económica masiva.

De aranceles está hablando todo el planeta porque toda la esfera terrestre queda afectada por ellos. Sus consecuencias se temen ya que, provocando su aplicación de forma recíproca como ley del Talión, nos lleva hacia el sinsentido del que se lamentan los gobiernos y nos refugiamos los ciudadanos. Nadie duda de que la campaña arancelaria iniciada por la Casa Blanca afectará a nuestros bolsillos porque la guerra no es un fenómeno independiente sino la continuación de la política por diferentes medios, en clásica descripción de uno de los militares más influyentes de la historia, Clausewitz. No hace falta ser muy listo para traducir lo que tal justificación significa: toda contienda siempre sale cara. Muy cara.

De momento, Pedro Sánchez se ve obligado a movilizar 14.100 millones para ayudar a superar el trance, tanto a empresas como a trabajadores de los sectores más afectados. Un capital imprescindible solo para neutralizar un posible primer efecto doméstico, a la espera de evaluar el europeo al que también estamos expuestos. Directa y solidariamente. Otra alteración de los Presupuestos Generales del Estado, prorrogados ante la dificultad para negociar las próximas cuentas por el recelo de buena parte de los aliados parlamentarios del Ejecutivo español a aumentar la partida de defensa por razones generadas por otra guerra, la de Ucrania. Y por si esto fuera poco, el mismo día del estallido va uno de los hombres de Trump a la cumbre de la OTAN y sube la apuesta. No el 2% del PIB sino el 5%, debería gastar cada país de la Alianza Atlántica para hacer frente a las crecientes amenazas mundiales. Así se ha estrenado Marco Antonio Rubio (Miami, 28 de mayo de 1971).

El primer secretario de Estado de origen hispano avalado por unanimidad por el Senado de EEUU fue también el primer senador hijo de cubanos que se instalaron en Florida antes de la revolución. Página que no parece afectarle al miembro de un Gobierno que expulsa inmigrantes al amparo de supuestas ilegalidades que no avala la justicia del país. Y las ha prohibido. Tampoco es anecdótico que un significado católico, que el miércoles de ceniza luce la cruz en la frente, siga inmutable ante los mensajes de misericordia del Papa en este mismo sentido, manteniendo una conducta pública contradictoria con los principios de su fe.

Que las convicciones políticas de Marco Rubio siempre hayan sido conservadoras no le impidieron trabajar con los demócratas durante sus años de miembro de la Cámara de Representantes. Igualmente, pasó de batirse en primarias para las presidenciales de 2016 contra Donald Trump, a quien atacó de manera inmisericorde por estar en sus antípodas morales, a colaborar con él sin solución de continuidad en su primer mandato, marcado por los escándalos sexuales. Es lo que tiene ser un entusiasta del sueño americano. Aquel del que alguien renegó diciendo que hay que estar dormido para creérselo. 

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