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Opinión | Educación
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'Adolescencia', la serie que fuerza un cambio de perspectiva

Subyacen dos temas transversales que proponen el mensaje de fondo: la construcción de la masculinidad y la 'normalidad' del contexto que presenta la ficción

‘Adolescencia’: ¿Espejo de una generación?

La serie de Netflix 'Adolescencia', retrata el fenómeno 'incels' y la importancia de las terapias

Adolescencia (Miniserie de TV)

Adolescencia (Miniserie de TV) / EPC_EXTERNAS

Mucho se ha escrito en los últimos días sobre la serie del momento. Corta y contundente, 'Adolescencia' es un retrato descarnado que, a mi juicio, pretende poner el foco sobre cuestiones de las que habitualmente no se habla desde esta perspectiva.

Si bien hablamos de una serie de la que se han hecho decenas de análisis -cada pequeño fragmento ha inspirado reflexiones y se han propuesto hipótesis sobre el hecho que centra la serie- subyacen dos temas transversales que son vertebrales y proponen el mensaje de fondo. La construcción de la masculinidad y la 'normalidad' del contexto que presenta la serie.

Solemos hablar mucho en los últimos tiempos de los discursos de odio vinculados a la masculinidad, también en algunos espacios de la 'manosfera' y, también como es habitual, solemos ubicar el problema en los jóvenes. Sin embargo, la serie nos obliga a enfrentar el legado que estamos dejando a las nuevas generaciones y lo poco preocupados que estamos por conocerlo y por conocerles. El escenario sobre el proceso de construcción de la masculinidad hegemónica contemporánea que se plantea se basa en la romantización y legitimación patriarcal de tiempos pasados, donde supuestamente el privilegio masculino sobre el cuerpo de las mujeres estaba asegurado. Esa 'performance' colectiva que suelen escenificar la mayoría de los hombres adultos sobre sus hazañas con/sobre las mujeres. Esta base es el caldo de cultivo sobre el que la 'manosfera' desarrolla relatos que se van filtrando como valores aspiracionales entre los adolescentes y jóvenes varones. A la vez que la educación en instancias tradicionales, como la familia o el instituto, avalan esos mensajes a menudo de forma inconsciente. Así, los discursos binarios de 'ganador' /'perdedor' en un mundo asentado en valores neoliberales se establecen, en gran medida, a partir de las conquistas con que las mujeres permean las adolescencias de un modo generalizado. Por consiguiente, por primera vez, más allá de hablar de 'víctimas' concretas, la serie centra el foco en una estructura que desde diferentes instancias avala y legitima una realidad que nos asusta.

Esta reflexión nos lleva a la segunda cuestión crucial. La serie no nos permite buscar brechas o atajos que nos 'liberen' como sociedad, a poco que queramos leer entre lineas. El protagonista de 13 años podría ser cualquier chico de 13 años. Si bien escudriñando en la serie encontramos comportamientos machistas en la familia, una escuela desbordada, un sistema policial que tiene mucho recorrido de mejora en cómo abordar delitos de este tipo con menores, etc., en el fondo dibuja un contexto absolutamente normalizado. No nos podemos aferrar desesperadamente a un tópico análisis de clase social que caiga en el lugar común de culpar a los entornos socialmente desfavorecidos, porque no es el contexto que presenta la serie; la situación familiar -por desgracia- no es más machista que la media de las familias tradicionales, la escuela nos muestra una realidad de desborde del claustro, de desmotivación y de desconocimiento de cuál es la realidad de las adolescencias actuales que, lamentablemente, es bastante habitual, entre otros muchos aspectos y detalles. Así pues, no nos queda más remedio que enfrentarnos a aquello que nos perturba. Ante un relato llevado al extremo la serie nos lleva a tener que mirarnos al espejo, a interpelarnos sobre qué papel tenemos y queremos tener individualmente, pero también colectivamente, como sociedad adulta ante las nuevas generaciones. En este punto pueden 'escocer' algunas cuestiones a las espectadoras/es en función del momento vital y de los roles que tengamos en este momento en la vida -como progenitores, como profesionales de la educación o, también, de los llamados cuerpos de Seguridad entre otros- y podemos sentir la amenaza del cuestionamiento pero creo que, si pasa, es positivo. Para mí, la frase de la serie que concentra lo importante es -sin hacer espóiler- cuando una persona adulta le dice a otra en el último capítulo “creo que estaría bien que aceptáramos que podíamos haber hecho más”. Porque la frase nos lleva a la responsabilidad y huye de la culpa. Humaniza, empatiza, pero a la vez nos lleva a la revisión.  

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