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Opinión | NADA ES LO QUE PARECE
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La Catalunya de Illa va tomando forma

Salvador Illa, en la inauguració de la segona Jornada Directiva de la Generalitat, ahir a l’Hospitalet. | JORDI OTIX

Salvador Illa, en la inauguració de la segona Jornada Directiva de la Generalitat, ahir a l’Hospitalet. | JORDI OTIX

Dos hechos han puesto en evidencia esta semana que la Catalunya consecuencia de la llegada de Salvador Illa a la presidencia de la Generalitat empieza a tomar forma. Hablamos del primer barómetro del CEO de 2025 y de la estrambótica aritmética que permitió hacer ver que el Parlament reprobaba a la consellera Sílvia Paneque por el asunto de Rodalies.

Tres cosas de la encuesta del CEO. La primera es que nada de lo que ha hecho Illa hasta ahora le ha sentado mal a sus electores por mucho que algunos gurús madrileños auguren su colapso tras cada pacto que cierra. Es más, la aprobación que concita la labor del gobierno en el resto de electorados deja abierta la posibilidad de que tenga margen de crecimiento si algunos de sus rivales no levantan cabeza. La segunda es que a Esquerra el orden le sienta bien entre sus electores, más que entre sus militantes. El orden, aunque sea el de Junqueras, ha mejorado sus expectativas coincidiendo con unos meses de acuerdos exigentes con los socialistas en Barcelona y en Madrid. Y tercera, el único movimiento demoscópico con posibilidades de llegar a ser tectónico en las urnas es el trasvase de votantes entre Junts y Aliança Catalana. Tendría un titular malévolo: los nietos de Pujol, y sobretodo de Ferrusola, votan a Orriols. La errática trayectoria de este espacio político bajo el liderazgo de Puigdemont, saltando constantemente de las moquetas a los adoquines y viceversa, la aprovechan los de Orriols para invitar a los votantes a quitarse la careta y sumarse a la ola trumpista. Quizás alguien en el laboratorio de Junts debería pensar si su recuperación pasa antes por los ayuntamientos que por los consejos de administración. 

Solo ese nerviosismo de los de Puigdemont puede explicar su movimiento de esta semana en el Parlament sumando a PP, Vox y Aliança, con la avergonzada abstención de Esquerra, a un acto de mera agitación como la reprobación de la consellera Paneque, con un exconseller de CiU de cuerpo presente en Rodalies. Desde entonces, los trenes siguen llegando tarde. E Illa creciendo. 

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