
Economista. Profesora en la Universitat Pompeu Fabra (UPF).
Inversión y desinversión en España
La perspectiva futura apunta a que las inversiones extranjeras continuarán su macrotendencia a la desaceleración
La inversión extranjera en España cae un 18,17% en 2023, hasta los 28.214 millones de euros

Atlas News
La inversión extranjera recibida por un país, o sea, la inversión 'entrante', mide su capacidad de atracción empresarial. Y las mejores inversiones son aquellas que aportan capacidades y tecnologías ausentes en el territorio. Es por este motivo que estas inversiones entrantes son cruciales en economías en vías de desarrollo, y no tan críticas en países avanzados como el nuestro. En los países avanzados, son también importantes las inversiones 'salientes', o sea, las que se realizan en el exterior, porque muestran la capacidad de expansión empresarial.
A pesar de esto, cuando se publican las cifras oficiales siempre es la inversión entrante la que acapara los titulares de la prensa. Como también las inevitables comparaciones entre comunidades autónomas. En 2024, la inversión entrante en España superó los 30.000 millones de euros, ligeramente inferior al año anterior, lo que puede considerarse un éxito. La Comunidad de Madrid consiguió quedarse con más del 65% de esta cifra; muy, pero muy por debajo, queda Catalunya, que se sitúa en segunda posición, con un 16% del total.
Es conocido que la comunidad madrileña actúa como un agujero negro por su capitalidad y un entorno fiscal atractivo, tanto a nivel individual como empresarial, según el Índice de Competitividad Fiscal. Este efecto también se puede constatar mirando las cifras de inversión extranjera en comunidades autónomas vecinas. Si Catalunya ha recibido casi 5.000 millones, las comunidades vecinas, Aragón y País Valenciano, han recibido 1.000 cada una. En cambio, las comunidades vecinas a la madrileña, Castilla La Mancha y Castilla León, poco más de doscientos.
Pero vamos a detenernos en dos datos que no llaman tanto la atención pero que dan una visión más completa de la situación. El primero es la desinversión de capital extranjero y el segundo, ya mencionado, es la inversión saliente.
La desinversión es aquel capital extranjero que decide marcharse del país. En 2024 fue de un 30%, dejando la inversión neta anual en los 16,7 millones de euros, a niveles de 2021. Resulta llamativo el escaso eco mediático de este dato. De hecho, mientras que la inversión entrante se puede consultar del derecho y del revés –por comunidades autónomas, por países de origen, y por sectores–, la información pública sobre las desinversiones es más restringida: ni comunidades autónomas, ni países, ni sectores.
Respecto a la inversión saliente, las empresas españolas acumulan ya tres décadas de experiencia. Durante los 90, en América Latina y, más adelante, en Europa y Estados Unidos. Los datos de 2024 indican que esta inversión superó los 26.000 millones, un 6% más respecto a 2023. Además, la desinversión española del extranjero solamente fue del 9%. Otro aspecto interesante de la inversión española en el exterior es que está algo mejor repartida. La comunidad madrileña roza el 50%, pero tanto Catalunya como el País Vasco superan el 13% y la Comunidad Valenciana y Galicia también tiene porcentajes superiores al 5%.
Durante el 2024, España ha invertido sobre todo en Estados Unidos y en el Reino Unido y, curiosamente, las inversiones entrantes más relevantes de este año provienen de estos mismos países. En tercera posición, las empresas españolas han apostado por México, y en la cuarta y quinta posición se sitúan países con sistemas fiscales favorables, Irlanda y Luxemburgo. Respecto al tema fiscal, una crítica general y recurrente de la inversión extranjera de empresas multinacionales es que acaba tributando poco, porque sitúan las sedes en paraísos fiscales o en aquel territorio que ofrece más facilidades. Con ello, la fiscalidad derivada de su actividad económica acaba siendo la de trabajadores y consumidores, y en menor medida sobre los beneficios. O sea, que la comunidad madrileña también tiene competencia, aunque no en España.
La perspectiva futura apunta a que las inversiones extranjeras continuarán su macrotendencia a la desaceleración. Una tendencia que se inició con la crisis financiera, a la que siguió la pandemia, los conflictos internacionales como la guerra de Ucrania, las tensiones entre China y Estados Unidos, y que ahora exacerba Trump, con unas políticas que incentivan aumentar las capacidades productivas en su propio país. Y, de rebote, quizás también en el nuestro.
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