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Opinión | Tolerancia

Care Santos

Care Santos

Escritora

Tiempo de bestias

Decir la verdad para despertar conciencias es una de las funciones de la literatura, acaso la más importante. Es necesario hablar de lo que más nos aterra, incluso de lo insoportable.

teatro

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La concejala de Igualdad de Linares (Jaén), Mari Carmen Muñoz, ordenó esta semana parar una representación de Lisístrata, de Aristófanes, porque su contenido le pareció demasiado radical. Lisístrata, escrita hace casi 2.500 años, trata de cómo las mujeres de Atenas se declaran en huelga de sexo hasta que sus hombres renuncien a la guerra. Es un alegato antibelicista inteligente, mordaz, provocador y divertido. Cualquiera se da cuenta de su valor y admira su capacidad para hacernos reflexionar. Ignoro qué asustó tanto a la concejala Muñoz, pero tengo claro que su reacción tiene que ver con el miedo. El miedo a lo distinto, a lo desconocido, a la vergüenza (uno de los más poderosos, por cierto). También es evidente su ignorancia. Dice Baltasar Gracián (Arte de prudencia, capítulo 87):  "Nace bárbaro el hombre. Redímese de bestia cultivándose". Añado: no todos. Ni todas las mujeres, que nacen asimismo bárbaras. Y dice también Gracián: "Es muy tosca la ignorancia".

Decir la verdad para despertar conciencias es una de las funciones de la literatura, acaso la más importante. Es necesario hablar de lo que más nos aterra, incluso de lo insoportable. Aristófanes lo hizo, escudándose en la risa, en la comedia. En su último libro, titulado El odio, Luisgé Martín lo ha hecho sin máscaras, sin disfraces. Ha elegido, desde luego, el modo más incómodo posible. Como novelista, podría haberse escudado en la ficción. En lugar de eso, ha optado por mirar de frente al mal, encarnado en alguien que cometió el peor crimen que puede ensuciar a un ser humano: el infanticidio de sus dos hijos.

Ciertas verdades son aterradoras. Por eso hay que enfrentarse a ellas, sin excusas, sin camuflajes. Hacerlo es necesario para (sigo a Gracián) "redimirse de bestias". Tratar de entender el mal no te vuelve malévolo, sino humano. La literatura es el invento más humano que existe. El único que puede aspirar a librarnos del terror que va aparejado a la ignorancia. Qué ganas de leer lo último de mi admirado Luisgé Martín. Qué ganas de volver a Aristófanes. Qué ansia de ser humanos en este tiempo de bestias.