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Opinión | 8M
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Hablemos de cuidados, más allá de la corresponsabilidad

El 'primer mundo' está resolviendo la crisis de los cuidados a través de su externalización, depositando la responsabilidad en mujeres en condiciones de vulnerabilidad y precariedad

Piedad Dengra, asistente 24 horas de un tetrapléjico: "Mi salud mental mejoraría sin tanta precariedad"

Cuidados personas dependientes

Cuidados personas dependientes

Hace mucho tiempo que los feminismos hablamos de cuidados; sin embargo, parece difícil transmitir -o que se acabe de entender- a qué nos referimos, a toda su amplitud y a la radicalidad de la propuesta como posicionamiento vital y político. Lamentablemente, demasiado a menudo se reduce el concepto a la lucha por la corresponsabilidad respecto a hijas e hijos en parejas heterosexuales. Es importante ahondar en este tema entre mujeres y hombres porque pone encima de la mesa cómo los cuidados en la familia nuclear clásica funcionan como vasos comunicantes, donde prácticamente siempre hay una sobrecarga para las mujeres que ha supuesto y supone, para nosotras, atender la crianza a costa de nuestra salud física y/o mental. Las propuestas parcialmente 'cosméticas 'sobre la 'logística' en los cuidados infantiles han permitido la autocomplacencia de muchos hombres y de la sociedad en su conjunto, pero no ha transformado de raíz ni siquiera esta vertiente concreta de los cuidados.

¿Por qué no es transformadora esta mirada simple y reduccionista? De entrada, por tres razones que intentaré apuntar: no visibiliza a quien acaba ejerciendo los cuidados, no explica de qué hablamos cuando nos referimos a los cuidados y no reconoce las estrategias de resistencia que hemos utilizado y utilizamos las mujeres para cuidar y cuidarnos.

El mal llamado 'primer mundo' está resolviendo la crisis de los cuidados a través de la externalización de los mismos, depositando la responsabilidad en mujeres de nuevo, pero en condiciones de vulnerabilidad y precariedad. Mayoritariamente son mujeres immigrantes que han tenido que abandonar sus países por situaciones de explotación y precariedad económica, que generalmente hemos generado los países que somos receptores de esta inmigración. Es lo que llamamos el ciclo de los cuidados. Un falso avance en la igualdad y la corresponsabilidad que consigue invisibilizar el hecho de que es imposible sostener la vida, en términos de requerimientos materiales, sociales, de salud y emocionales si no es a cuestas de una nueva vulnerabilización de mujeres menos privilegiadas que nosotras. ¿La alternativa? Cambiar un modelo social insostenible y poner realmente la vida en el centro. Por consiguiente, es una frivolidad hablar de que hemos conseguido mayores cotas de corresponsabilidad sin hablar de la feminización de la pobreza, sobre todo de las mujeres que vienen a cuidar a 'nuestras' personas dependientes, teniendo que abandonar a 'sus' personas dependientes, sin hablar de la salud mental de las mujeres cuidadoras o sin hablar de racismo.

En segundo lugar, otra deriva del sistema capitalista y patriarcal es menospreciar todos aquellos cuidados que no son visibles y tangibles pero que son imprescindibles para mantener cohesionada una sociedad que está, por cierto, cada vez más fragmentada. Hablamos de los vínculos, los afectos, el acompañamiento educativo a niños y niñas, los tiempos compartidos dedicados a las personas mayores, los tiempos de escucha a nuestros entornos afectivos, el consuelo en los duelos, en definitiva, los procesos vitales. Es la parte menos visible, si cabe, de lo que mal llamamos 'carga mental'. Es interesante observar cómo ni siquiera cuando hemos intentado visibilizar lo menos concreto, no hemos encontrado un concepto que realmente ponga en valor atender los vínculos, aquello que no es medible, pero sí imprescindible. Somos mayoritariamente las mujeres - y personas disidentes de género- las que estamos poniendo esta mirada en la vida. Pero no es solo una cuestión de compartir con los hombres, es un cambio de mirada social urgente.

En tercer lugar, y al hilo de lo anterior, tejemos una redes de afectos y vínculos que trascienden la lógica capitalista y patriarcal. Redes que, demasiado a menudo, son invisibles y que en sus diversas formas ponen la ternura y el cuidado como prioridad. Así pues, en este 8 de marzo, más allá de los eslóganes debemos preguntarnos: ¿reivindicamos lo suficiente unas políticas públicas que entiendan lo urgente y prioritario de esta propuesta política?

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