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Opinión | LA PALABRA DE LOS NÚMEROS

Europa se cae del caballo

Europa vuelve a poner el empleo en el centro de sus decisiones para frenar el avance del populismo y para protegerse de la agresión de Donal Trump y de la competencia china

Archivo - Electricidad, energía, cables, torres eléctricas, corriente

Archivo - Electricidad, energía, cables, torres eléctricas, corriente / EUROPA PRESS - Archivo

John Maynard Keynes es uno de los economistas más influyentes de la historia y ha sido recordado por su estrategia de aumentar el gasto público para sacar a la economía mundial de la Gran Depresión de 1929. Pero su gran aportación fue incorporar las expectativas y el tiempo al análisis económico y nos enseñó a los economistas a mirar al futuro. Según Keynes, entre la causa de los problemas y la evidencia de los efectos es el tiempo para actuar.

La crisis industrial en Alemania y en Europa comenzó en 2018 y hasta comprobar los efectos de las elecciones germanas de la pasada semana no ha habido reacción. Mario Draghi salvo al euro en 2012 y ganó una enorme reputación como estadista europeo, por eso la presidenta de la Comisión le encargó un informe de diagnóstico sobre los problemas de competitividad de la economía europea y esta semana pasada hemos visto un viraje de 180 grados en el relato de la Comisión Europea.

Europa vuelve a poner el empleo en el centro de sus decisiones para frenar el avance del populismo y para protegerse de la agresión de Donal Trump y de la competencia china. Como pedía Draghi, la Comisión ha reducido drásticamente la carga burocrática a las empresas que exigía asociada a la transición climática, especialmente para las pymes. Y ha presentado un nuevo plan industrial muy centrado en afrontar la crisis energética provocado por la fuerte subida de los precios del gas y agravada por errores estratégicos como el cierre prematura de las centrales nucleares en Alemania que parece el nuevo gobierno quiere revertir, como han anunciado los laboristas de izquierdas en Reino Unido.

El mensaje es nítido y transparente como las aguas de las cumbres de los Alpes; reducir el coste de la energía para las empresas y los consumidores para recuperar parte de la competitividad perdida con EEUU o de lo contrario el ajusté irá contra el empleo y los salarios de los trabajadores industriales europeos. ¿Cómo? Bajando impuestos directos en las facturas de la luz, impuestos en la generación de la electricidad y desarrollar los mercados de futuros para dar previsibilidad a las empresas para invertir y crear empleo.

En España tenemos una oportunidad histórica gracias al cambio tecnológico, pero nuestro principal problema es la burocracia y la excesiva carga impositiva que tanto el Gobierno del PP en 2012 como el del Psoe ahora han puesto sobre la factura de consumo y la producción de electricidad. Teresa Ribera que ha presentado esta nueva estrategia como vicepresidenta de la Comisión se acaba de hacer una enmienda a buena parte de su política energética desde que fue ministra en 2018.

En España se están cerrando ya contratos de electricidad con renovables próximos a 40 euros megavatio, mientras nuestros socios europeos no consiguen cerrar nada por debajo de 60 euros. La nuclear no se puede cerrar hasta que se avance en acumulación y baterías pero no es la solución; Bélgica acaba de prolongar la vida de dos centrales nucleares y el Gobierno ha firmado un contrato a largo plazo a 85 euros el megavatio, más del doble que en España. Aun así les sale más barato que el gas que cuesta por encima de 100 euros e infinitamente más barato que el carbón.

Los gobiernos de comunidades autónomas del PP también se tienen que caer del caballo. Alfonso Rueda debe retirar urgentemente su regulación contra el desarrollo de energías renovables en Galicia si de verdad su prioridad es el empleo industrial como dice. María Guardiola si de verdad quiere que no se cierra la central nuclear de Almaraz debe eliminarle el impuesto que le cobra como pide la Comisión y como ha hecho Emiliano García Page a la central de Trillo en Guadalajara. Los alcaldes de todos los partidos deben priorizar la producción de energía abundante y barata para generar más empleo y mejores salarios con los que poder seguir pagando las pensiones de los jubilados de sus pueblos y dejarse de pedir piscinas y dádivas a las empresas que quieren desarrollar renovables en sus municipios.

Keynes también nos enseñó que el verdadero poder eran las ideas y no los intereses creados. Las ideas por fin ya han cambiado en Europa, ahora hay que pasar a la acción, pero por fin indicios de vida inteligente en Bruselas.