
Presidente del grupo del PSC en el Parlament. Secretario de Área de Mejora del Autogobierno y Acción Federal del PSC
Para el futuro, memoria
Los ataques a las instituciones democráticas no nos reducirán de ciudadanos de pleno derecho a esclavos en el tecnofeudalismo autoritario que sueñan sus amos
El Govern aprueba la ley de memoria democrática de Catalunya

Votación en el pleno del Parlament durante la sesión celebrada este jueves / Marta Sierra / ACN
Comienza su andadura, en el Parlament, la ley de Memoria Democrática de Catalunya. Hace doce años que se intenta refundir, completar y actualizar la legislación en materia de memoria democrática en Catalunya y el saber popular dice que a la tercera va a la vencida.
La extrema derecha se pasea por todos sitios, hoy, desinhibida, ufana y soberbia. Está bien engrasada por el dinero de los más ricos del planeta y, claro, está hoy –como lo ha estado siempre- a su servicio. Está bien organizada y coordinada a escala europea y global. Dispone de nuevos medios y de nuevas herramientas. Nos señala nuevos enemigos internos y externos y lo hace con nuevas palabras. Se nos presenta bajo nuevos ropajes.
Pero sabemos reconocer a los viejos conocidos. No nos engañan. Son lo que han sido siempre. Eso que Zeev Sternhell, al trazar la genealogía desde el siglo XVIII hasta la Guerra Fría, denominó los 'anti-lumières'. Lo que ahora denominamos la ilustración oscura, o movimiento neorreaccionario.
Da igual que ahora quieran llamarse patriotas, identitarios, o que escondan sus intenciones en los acrónimos de sus partidos, poniendo con desvergüenza apelaciones 'populares', 'demócratas' o a la 'libertad'. Tanto da que la carlistada sea ahora 'tiktokera'. Sabemos quiénes son y carlistada tras carlistada será derrotada.
Si hace doce años esta tarea de trabajar por la memoria democrática era necesaria y oportuna, hoy en día, cuando en las calles vuelven a desfilar brazo elevado por miles, siguiendo negras banderas y cánticos atávicos, cuando los parlamentos y los gobiernos van siendo colonizados por los discursos y las políticas del odio, la memoria democrática es mucho más que esto. Es un deber cívico.
Solo con el olvido y la desmemoria es posible que vuelvan a funcionar los viejos mecanismos tan bien descritos por Umberto Eco en su reflexión sobre la Ur-fascismo –o el fascismo eterno--. Por eso los ataques furibundos y venenosos de la extrema derecha contra la memoria democrática y, en este tema, ¡ay!, bien acompañados por la derecha del PP.
No soportan las políticas de memoria basadas en los principios de verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición. Hablan de una supuesta dictadura 'progre' y las únicas que hemos tenido en el siglo XX son las dictaduras que despiertan sus nostalgias: la de Primo de Rivera y la de Franco. Hablan de una supuesta imposición de una verdad y de una historia oficiales a través de la memoria democrática, y aquí la única imposición de una verdad y de una historia oficiales que ha habido es la que existió durante casi cuarenta años de dictadura franquista.
Pero los ataques a la memoria democrática no nos someterán de nuevo al silencio y al olvido. Los ataques al feminismo no conseguirán reducir de nuevo a las mujeres a un rol subyugado y sometido al hombre. Los ataques a las personas migradas no las condenarán a vidas clandestinas y subalternas. Los ataques a las personas LGTBI y a sus movimientos no les harán volver al armario. Los ataques a la clase trabajadora y a sus sindicatos no nos harán volver a las condiciones del Manchester del siglo XIX. Los ataques a las instituciones democráticas no nos reducirán de ciudadanos de pleno derecho a esclavos en el tecnofeudalismo autoritario que sueñan sus amos. Entre otras cosas, porque tenemos memoria, incluida la memoria de las luchas gracias a las cuales les vencimos.
Tenemos que preservar la memoria para que, en palabras de los célebres versos de Espriu, "els joves llavis desclosos després de la foscor sàpiguen com l’alba ens ha trigat, com és llarg d’espera un alçament de llum en la tenebra". Tenemos que preservar la memoria para que las generaciones presentes y futuras aprendamos de los errores del pasado, honoremos las generaciones de hombres y mujeres que nos precedieron y que conquistaron para nosotros los derechos y libertades que nunca más nos dejaremos arrebatar. Nunca más.
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