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Opinión | LA PALABRA DE LOS NÚMEROS

Trump divide a Europa

En una situación tan compleja la mayoría de países irán a defender sus intereses en el Consejo Europeo y España debería defender los suyos

El presidente Donald Trump habla con periodistas en la Oficina Oval de la Casa Blanca el 21 de febrero de 2025.

El presidente Donald Trump habla con periodistas en la Oficina Oval de la Casa Blanca el 21 de febrero de 2025. / Europa Press

La política siempre es local y Donald Trump ha mostrado esta semana sus preferencias de no conflicto con Vladímir Putin antes que contentar a Europa. El rival de Trump es China y su estrategia es intentar alejar a Putin de Xi Jinping. En Europa, todo apunta que Trump hará negociaciones bilaterales para dividirnos y debilitar a Francia y veremos que Gobierno sale hoy en Alemania. Trump tiene una excelente relación con Meloni, con Orbán y muy probable los polacos y todos los países próximos a la frontera rusa querrán mantener su tradicional buena relación con EEUU.

España se queda en tierra de nadie, ya que Trump piensa que somos un BRIC, sabe que gastamos muy poco en defensa y nuestro Gobierno utiliza a Trump en política local para polarizar e intentar movilizar a su electorado. Nuestro comercio con EEUU es mínimo y sus aranceles tienen efectos sobre sectores y empresas muy concretos. Nosotros importamos principalmente gas desde EEUU que necesitamos producir electricidad y eso va a aumentar en los próximos años si el Gobierno continúa con su decisión de cerrar la central nuclear de Almaraz y Trump sabe que necesitamos su gas.

En una situación tan compleja la mayoría de países irán a defender sus intereses en el Consejo Europeo y España debería defender los suyos. España sigue teniendo salarios y suelo industrial más barato que nuestros competidores centro europeos y ahora, gracias a las renovables y la crisis del gas, tenemos un coste energético inferior a los países de la Europa del Este y deberíamos ambicionar ser el principal destino de inversión de las nuevas fábricas que se verán forzadas a producir en Europa tras la guerra arancelaria.

Cuando los economistas decimos que la crisis institucional que padecemos tiene costes para el empleo y la renta por habitante, los ciudadanos no lo perciben a corto plazo pero son este tipo de oportunidades las que podemos desaprovechar. Las principales competencias en suelo industrial y atracción de inversiones las tienen las comunidades autónomas y son las que deben aprovechar esta oportunidad histórica. La amenaza es la burocracia y la falta de visión estratégica de los políticos y también de los funcionarios. Si se aprovecha la oportunidad el funcionario cobra lo mismo pero aprovecharla supone cambios y riesgos y la decisión final suele ser no meterse en líos. Este escenario exige liderazgo político y esa es la gran diferencia entre las diferentes comunidades; gobiernos que priorizan el empleo y gobiernos que priorizan el relato y los votos.

El Gobierno central mantiene la competencia de desarrollo de red eléctrica ahora en el ministerio de Transición Ecológica. Antes esas competencias estaban en el ministerio de Industria cuya prioridad era desarrollo y generación de empleo industrial, tanto con gobiernos socialistas como populares. Ahora con Pedro Sánchez, Teresa Ribera y su sucesora Sara Aagesen la prioridad es reducir las emisiones y descarbonizar asumiendo el coste de cierre de fábricas y la destrucción de empleo industrial. Solo así se puede entender que la ministra y el ministro de economía hayan enviado una carta a Bruselas criticando la decisión de la Comisión de relajar la regulación y las sanciones por descarbonización de las que España se beneficiará más que nuestros socios europeos.

La mitad de solicitudes de conexión a la red de alta tensión eléctrica son rechazadas por el Gobierno por falta de capacidad. Si de verdad queremos reindustrializar España hay que mantener Almaraz abierto, hay que agilizar todo el desarrollo de red de alta tensión y el objetivo prioritario de la política económica sería atender al máximo las peticiones de conexión a la red, especialmente de fábricas que generan empleos industriales y prioritariamente en las zonas que más sufren el fenómeno de la despoblación. Y mandar un mensaje favorable a las empresas y la inversión que es la que va a conseguir el objetivo de pleno empleo y reducir la precariedad salarial y la desigualdad.

Antes de una política de defensa y seguridad común, España y Europa deberían tener una política energética realista y competitiva como pide Mario Draghi en su informe. No se pueden mover tanques ni crear empleo sin energía barata y abundante.