Opinión | Guerra de Ucrania
Anna Grau

Anna Grau

Periodista, escritora y exdiputada en el Parlament

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Que no paguen justos por pecadores

Europa vuelve a estar tan aletargada y acobardada como en vísperas de la Segunda Guerra Mundial. Poco nos pasa vistos los méritos que hacemos

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El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, llega a Arabia Saudí

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, llega a Arabia Saudí / Freddie Everett/US Department of / DPA

Me gustaría decir dos cosas solo aparentemente contradictorias. Una, la ruptura de una visión euroatlántica del mundo es un desastre. Dos: ¿existe de verdad una visión euroatlántica del mundo?

Los pueblos que reinventan su historia están condenados a creérsela. Ahora todo es lamentarse y acordarse de Churchill y de De Gaulle. Pero, ¿y lo que les costó a ambos, en su día, sobreponerse a una indigna marea apaciguadora de los nazis? ¿No fue precisamente en Munich donde Reino Unido y Francia se bajaron los pantalones, después de que Hitler invadiera Checoslovaquia? ¿Qué pasó en Vichy? Y, más recientemente: sin la dependencia alemana del gas ruso, ¿habría sido imaginable tanta dejadez con Ucrania? ¿Qué les hemos dado, aparte de palmaditas en la espalda y algún tanque oxidado? Alexéi Navalni vivió tres años en el gulag antes de morir en él. A buenas horas le hacemos homenajes, ¿no?

Europa vuelve a estar tan aletargada y acobardada como en vísperas de la Segunda Guerra Mundial. Poco nos pasa vistos los méritos que hacemos. Por cierto, norteamericanos y soviéticos fueron aliados contra Hitler -y hasta que esa alianza fraguó, no había nada que hacer-, con el resultado de que el Telón de Acero partió Europa y la libertad en dos. Pregúntele usted a un rumano, polaco o húngaro si tiene la sensación de haber ganado o perdido aquella guerra.

Pero insisto: los que habríamos estado con Churchill y De Gaulle, otra cosa no pedimos que honrar su memoria. No hay que aceptar jamás que paguen justos por pecadores. En Europa hay muchos justos. Sólo esperamos una señal.

No me resisto a recordar el significado de la expresión “justos entre las naciones” en Israel. Se refiere a los europeos no judíos que arriesgaron su vida para plantar cara al Holocausto. Gracias a ellos tenemos una memoria heroica que echarnos a la boca. Bastante idealizada, pero la tenemos. ¿Servirá?

Todo es significativo y todo está conectado. Que en esta hora oscura nuestros líderes no se reunan en Bruselas sino en París es un reconocimiento indirecto de que el músculo hay que sacarlo por otro lado. Casualmente, por el único país europeo que no ha cometido el error de renunciar ni a la energía, ni al arma nuclear. Tampoco debe ser casualidad que Trump y Putin se citen no en Camp David ni en Andorra, sino en Arabia Saudí. Los Acuerdos de Abraham, ¿se acuerdan? Mientras en las capitales europeas se permiten y fomentan manifestaciones antisemitas con el lema “del río al mar”, la familia Assad abandonaba Siria destino Moscú, Hamás y Hizbulá eran descabezadas y en Irán se empezaban a asustar. De que el fin de la guerra en Ucrania y en Gaza estén conectados. ¿Jugada maestra? ¿O se yergue otro Telón de Acero invisible? Si todavía depende de nosotros, pongámonos las pilas ya. Aumentemos ya nuestra capacidad de defendernos y de defender aquello en lo que creemos. Que no solo sea una excusa para endeudarnos más. Que luego vienen la sangre, el sudor y las lágrimas.

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