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Pensemos en eso

Una escena de 'El 47', con Eduard Fernández en la piel de Manolo Vital.

Una escena de 'El 47', con Eduard Fernández en la piel de Manolo Vital. / EPC

En las últimas semanas he visto unas cuantas series y películas que pasan, en la actualidad de nuestros días, en Catalunya y, sobre todo, en Barcelona. No todas tienen la misma calidad y no todas son capaces de entender que es a partir de la honradez y la sinceridad, de la fidelidad a una realidad cercana, que pueden transmitirse mensajes universales. Las que he visto, todas, tienen a la muerte como eje central del discurso. En la visión de estas ficciones, se juntan dos circunstancias. Una, personal; la otra, objetivable. En el primer caso, se trata de una sordera que cada día va a más. El segundo se refiere al sonido de las cintas y a la dicción de los actores. Entre una y otra cosa, necesito verlas con subtítulos. En un episodio de la serie de la que hablo, una chica observa un parque infantil, con niños y niñas que juegan. Es un rumor lejano, pero, por si acaso, los subtítulos avisan: "Hablan en otro idioma". Son los niños del parque, que hablan y gritan y se alborotan en catalán. Tienen que especificar que se trata de una lengua ininteligible porque todo el resto de la serie, que pasa en Barcelona, podría localizarse sin problemas en Valladolid o en Buenos Aires. En las películas, igual. El catalán, también en Barcelona, o en Tortosa, es apenas una anécdota antropológica, o ni siquiera eso: una folclórica pincelada.

He pensado en ello a raíz de los discursos de Clara Segura y Marcel Barrena en los Goya, al recoger los premios por 'El 47', un filme en el que conviven las dos lenguas, aquí sí, con sinceridad y fidelidad a una realidad cercana. Segura ha recalcado la importancia de la enseñanza de la lengua para acceder a la cultura y Barrena ha hablado de "jugarse la piel todos los días para enseñar catalán a los que llegaban a Catalunya". Y también ha añadido que la historia de Manolo Vital "es un homenaje a mi gente, a mi ciudad y a mi lengua, el catalán". ¿Dónde perdimos ese poso de integración, cuando dejó de ser útil y necesario el catalán, imprescindible, para vivir y para hablar de la vida y de la muerte? Pensemos en eso.

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