Una foto (Kayne West y Bianca Censori)
La cosificación de la mujer continúa siendo un símbolo de poder masculino, continúa vendiendo y continúa provocando la admiración de muchos imbéciles
La policía saca a Kanye West y a Bianca Censori, totalmente desnuda, de los Grammy 2025
Kanye West, recientemente denunciado por abuso sexual, quiso también acostarse con su suegra

Leonard Beard. / EL PERIÓDICO
Leo que es uno de los músicos con más ventas de todo el mundo, obviamente por debajo de The Beatles, Michael Jackson, Elton John, Rihanna y algunos otros. Pero los más de 100 millones de discos vendidos lo sitúan, sin discusión, en la cúspide del éxito. Lo cual quiere decir que es un artista con talento, que tiene capacidad de conectar con el público y que ha sabido mantenerse. Dado que su estilo de música me resulta totalmente ajeno y que no conozco nada del fenómeno, nunca osaría hacer la crítica pertinente. Este artículo, lógicamente, no tiene nada que ver con la música.
Nada que ver con la música, pero sí con el personaje que se proyecta sobre el músico, con un instinto poderoso para el márketing de baja estofa. Hablo de Kanye West, el rapero que acaba de protagonizar su última 'boutade', esta vez en la Red Carpet de los Grammy de este año. Metido en su eterno 'look' de pantalones, suéter y gafas oscuras, musculatura trabajada y la pertinente cara de mala leche, West se pasó por el paseo de los famosos junto a su mujer, la modelo Bianca Censori, que lucía su cuerpo privilegiado totalmente desnuda. Como era previsible, lo han echado de los Grammy, el rapero ha conseguido su enésima bufonada y durante unos días los pobres mortales -entre los cuales me incluyo- hablaremos del personaje. Personalmente quería resistirme, por aquello de no parecer una ilusa dentro de la trampa, pero la foto me ha generado tanta repugnancia que no puedo evitarlo. Y no por cuestiones de patéticas moralinas, porque no es la desnudez de una mujer -al contrario, bellísima- lo que me ha revuelto el estómago, sino la imagen de masculinidad tóxica que ha proyectado. Es una reiteración del ideal del macho alfa, con todos los elementos propios del estereotipo: el macho con cara de mala leche a punto de dar dos hostias, revestido de poder y dominio; ella, bella, desnuda y exhibida como un trofeo. El cliché escenificado al detalle, chabacano, reaccionario y vetusto, y aun así, todavía tan recurrente. Y por mucho que sea un producto más de áarketing, muy propio del exmarido de la Kardashian, no deja de ser hiriente. ¿Podemos imaginar la imagen al revés, con él con todas sus alegrías completamente al aire? Ni lo intentamos. Las cosas no van así. La cosificación de la mujer continúa siendo un símbolo de poder masculino, continúa vendiendo y continúa provocando la admiración de muchos imbéciles.
Podría ser que a West y señora los hubiera cogido un ataque de dadaísmo provocador y la cosa tuviera algún tipo de mensaje revelador y profundo. Pero el personaje no permite equívocos. Por un lado, ha tenido múltiples denuncias, la última de este pasado noviembre, acusado por una modelo de America's Next Top Model de un presunto abuso durante el rodaje de un videoclip. También una exasistente del rapero, Lauren Pisciotta, le acaba de acusar de convertir su oficina en “un patio sexual”, y las acusaciones por racismo, homofobia y antisemitismo han sido numerosas. En este punto, ha dicho barbaridades de los judíos, ha mostrado su admiración por Hitler y le han cerrado sus redes diversas veces. También ha perdido contratos millonarios a causa de las barbaridades que ha proferido. Una joya, en definitiva. Y si una joya como esta escenifica la escena de macho alfa antes referida, el sentido es más que evidente.
Con todo dicho, la pregunta es si el personaje -infame, desde mi punto de vista- invalida el músico, y personalmente creo que la respuesta es negativa. El mundo del arte está lleno de personajes que han dejado obras artísticas importantes y, en cambio, han tenido comportamientos despreciables y/o delictivos. Por ejemplo, he leído con fruición a Josep Pla -obra completa en casa- y a Camilo José Cela, con ‘La familia de Pascual Duarte’ en el pedestal de la biblioteca. Los pude conocer a los dos, y la imagen misógina, chabacana, grosera y reaccionaria que emanaban nunca me impidió continuar leyéndolos. Qué hemos de decir de Picasso, maltratador confeso y aun así gran artista. Es la extraña y sinuosa dualidad entre la creación y el creador, hasta el punto que una gran obra puede surgir de un personaje muy viscoso y pequeño. De hecho, el mismo Picasso aseguraba que todo acto de creación es, primero, un acto de destrucción. ¿De los demonios interiores? No lo parece, porque después de la creación, continúan exhibiéndolos.
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