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Un año más
2025 podía ser una oportunidad para corregir todo aquello que hacemos mal, pero estos primeros días debilitan el optimismo

Los Reyes y la Infanta Leonor conversan con Sánchez y la ministra Robles, este lunes en la Pascual Militar / Juanjo Martín / EFE
Si alguno de ustedes albergaba la íntima esperanza de que 2025, un año sin elecciones a la vista, sirviera para avanzar mínimamente en los imprescindibles consensos que deberían perseguir el Gobierno y la oposición, por ejemplo en materia de vivienda, ya se habrán desilusionado. Los primeros compases del nuevo año auguran un guion muy similar al que dejamos atrás.
Esta primera semana nos dejará algunos ejemplos y no sólo por el desfile ante los jueces del hermano de Sánchez o del jefe de gabinete de Ayuso, protagonistas de esa guerra sin cuartel que el PSOE y el PP dirimen en los tribunales ante la estupefacción de los ciudadanos. También porque el miércoles comenzarán los actos conmemorativos de la muerte del dictador Franco el 20 de noviembre de 1975.
El medio centenar de actividades que se desarrollarán a lo largo del año han sido organizadas por la Secretaría de Memoria Democrática del Gobierno, no se ha contado para ello con la participación del Congreso de los Diputados ni del resto de fuerzas políticas, y ahí precisamente encontramos la endeblez del planteamiento.
El PP ya se ha situado al margen de la celebración, como esperaba Sánchez para empujarle mediáticamente en manos de Vox, y defiende celebrar la Transición o la Constitución, a sabiendas de que la primera está siendo impugnada todos los días por los socios a la izquierda del PSOE y la segunda es un anatema para los partidos nacionalistas. Quizás hubiera sido más lógico esperar al aniversario de las primeras elecciones democráticas, en 1977, pero el sentido común opera cada vez con menos intensidad en la política española.
Para evitar interpretaciones interesadas, la semana pasada Moncloa aseguró que existía pleno “alineamiento” del Rey Felipe VI con los actos previstos, y que de hecho participará en alguno de ellos. Luego lo ratificó Zarzuela, hablando de “sintonía” entre el monarca y el presidente del Gobierno, aunque no faltará quien analice con lupa en qué acto participa el Rey y en cuál no.
El año que acabamos de estrenar podía ser una oportunidad para corregir todo aquello que se hace mal en España, pero estos primeros días ya consumidos debilitan el optimismo.
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