Saltar al contenido principalSaltar al pie de página
Opinión | NADA ES LO QUE PARECE
Albert Sáez

Albert Sáez

Presidente del Comité Editorial de EL PERIÓDICO

Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Junts y la orfandad política de una cierta Catalunya

Jordi Turull, Carles Puigdemont i Albert Batet, a Brussel·les, dilluns. | ERIC LALMAND / EUROPA PRESS

Jordi Turull, Carles Puigdemont i Albert Batet, a Brussel·les, dilluns. | ERIC LALMAND / EUROPA PRESS

Jordi Turull, secretario general de Junts, se explica hoy en EL PERIODICO, el ágora plural de la información en Catalunya. Está sumergido en una batalla complicada: conseguir que Pedro Sánchez cumpla lo pactado. Solo quienes han pasado por esa experiencia saben la dificultad de la encomienda, sean correligionarios, socios parlamentarios, socios de gobierno, de la UE, empresarios o sindicatos. La resistencia de Sánchez de basa en la ductilidad que le acerca a unos con la misma plasticidad que le aleja de otros. Y al revés.

Junts está jugando las bazas de sus siete diputados en el Congreso para saldar la deuda de este espacio político con Carles Puigdemont. Si el president no convocó elecciones a finales de octubre del 2017, como recomendaba la cordura más elemental, fue, entre muchas otras cosas, porque gente como Josep Rull, Albert Batet o Jordi Turull se lo reclamó. Desde entonces, el liderazgo de Puigdemont ha sido tan eficaz en términos electorales como estéril en términos de poder. Pero Junts nunca ha abandonado a Puigdemont, ni siquiera cuando les desairó con el Consell per la República.

Pero este hiperliderazgo, a diferencia del de Sánchez, les aleja de los centros de poder. A pesar de los esfuerzos por volver al “peix al cove”, las dificultades son hercúleas: algunos cuadros del partido no proceden de la política sino del activismo y no siempre entienden lo que negocian, la última palabra siempre la tiene Puigdemont que es algo más impredecible que Pujol y su valor máximo a preservar es la amnistía. Todo ello no dejaría de ser un problema estrictamente partidista sino condenara a una parte de Catalunya, sustancial pero no única, a vivir sin representación política, lo cual desequilibra demasiados debates ya que ciertas ideas, intereses y opiniones quedan silenciados. El tiempo pasa, la plena aplicación de la amnistía puede tardar un año, y si Junts no sale de ese bucle, alguien puede intentar ocupar ese espacio. 

Suscríbete para seguir leyendo