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Opinión | 360º GRADOS

Madrid

Mil días de guerra y ninguno ha logrado sus objetivos

Mil días de guerra en Ucrania, cientos de miles de muertos por ambos lados, pero ninguno de los dos países ha conseguido sus objetivos

El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski

El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski / Planet Pix via ZUMA Press Wire/dpa

Ucrania no se ha de desmilitarizado o “desnazificado” como quería Moscú, ni ha renunciado tampoco al deseo de su Gobierno de ingresar en la OTAN. Pero tampoco Kiev ha logrado recuperar Crimea ni el resto de los territorios ocupados como pretendía el presidente Volodímir Zelenski con su ridículamente bautizado “plan de victoria”.

Los únicos ganadores de este conflicto, al que el presidente electo de EEUU se ha comprometido a poner fin rápidamente, son los fabricantes de armas, que tienen que llenar los arsenales mientras tanto semivacíos de Occidente y han visto dispararse su valor bursátil.

Rusia controla ya aproximadamente un 20 por ciento del territorio ucraniano: la península de Crimea, casi todo el Donbás y una franja de varias decenas de kilómetros de profundidad a lo largo de la costa septentrional del mar de Azov y a de la margen izquierda del Dniéper.

Este río es prácticamente la barrera natural desde que las tropas rusas tuvieron que retirarse de la ciudad de Jersón y de sus alrededores después de que los ucranianos destruyeran los puentes y consiguieran interrumpir las rutas de suministro del Ejército ruso.

Rusia aprendió rápidamente las lecciones del primer año de guerra y logró hacer fracasar la ofensiva ucraniana del verano de 2023, que supuso un enorme revés para las tropas de Kiev con sus numerosas pérdidas humanas y de material.

Hay quien habló durante algún tiempo de una “guerra de movimientos”, comparándola a la de los primeros años de la Guerra Mundial, pero al final se impuso “la guerra de posiciones”, sobre todo en las regiones más densamente pobladas del Donbás, donde los ucranianos lograron atrincherarse muchas veces en los bloques de viviendas.

Por otro lado, a diferencia de lo sucedido en la Segunda Guerra Mundial, las armas decisivas no han sido los carros de combate, sino la artillería y sobre todo los drones, baratos de fabricar y muy eficaces contra los tanques.

También son determinantes las llamadas “bombas deslizantes” de los rusos, explosivos provistos de alas y sistemas de navegación que les permiten seguir una trayectoria directa hacia el objetivo y son mucho más precisas que las bombas tradicionales.

Últimamente y ante la llegada del invierno, Rusia se dedica a destruir con la artillería y los misiles las infraestructuras energéticas ucranianas. Se calcula que las centrales térmicas del país han quedado dañadas en un 70 por ciento.

Rusia tiene sobre todo, además de la profundidad de su territorio, una clara ventaja demográfica: su población triplica a la de Ucrania.

Esta última ha sufrido además de las bajas en el frente de batalla las consecuencias del numeroso exilio y también la deserción de muchos que no están dispuestos a convertirse en carne de cañón para Zelenski

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