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Opinión | Feminismo
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Las violencias machistas: ¿hablamos de la estructura?

La sociedad patriarcal utiliza las distintas formas de violencia como mecanismo para perpetuar el orden establecido

Los chicos entre 14 y 17 años son la franja de edad con mayor aumento de agresores machistas

25N, en directo: manifestaciones y última hora del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres

Las denuncias por agresión sexual sin violencia en la pareja aumentan un 14% en Catalunya

Europa Press

Los sucesivos 25N -Día Internacional para la erradicación de la violencia machista- han sido testigos de la evolución histórica que se ha producido del concepto violencias en los últimos 25 años. Lejos quedan los momentos en los que hablábamos de violencia doméstica y las campañas nos presentaban siempre una mujer con un ojo morado, como el estereotipo de lo que era la violencia. Sin embargo, parece que las leyes y -muy a menudo las representaciones sociales y culturales- siguen parcelando el significado de las violencias machistas como si se tratara de diferentes cajones que abrimos y cerramos para explicar realidades distintas.

A día de hoy, cualquier análisis de la violencia machista un poco riguroso reconoce su origen estructural y transversal, pero, después, cuando tenemos que 'aterrizar' el relato a los casos concretos solemos fragmentar las explicaciones y encapsulamos las causas. Es imprescindible entender que: la mujer que recibe violencia psicológica por parte de su pareja, el acoso sexual o laboral por parte de un jefe o un igual, una agresión sexual en un entorno de ocio por parte de un amigo, un abuso sexual que sufre un niño o una niña por parte de un hombre adulto, una agresión sexual por parte de un entrenador o un masajista en un entorno de confianza, unas prácticas médicas no consentidas en un parto, una mujer que no es creída al presentar una denuncia policial por una agresión sexual por ser drogodependiente, una mujer política que recibe menosprecio por parte de compañeros políticos por ser mujer, una chica que es agredida en redes porque se viraliza un video donde aparece practicando sexo, unos hijos asesinados por su padre para dañar a su madre, o un chico que recibe una paliza en la calle por ser homosexual son situaciones que forman parte del mismo continuo. Podríamos nombrar muchas más pero solo pretendo aquí dibujar la transversalidad que atraviesa todas las violencias machistas. La estructura social patriarcal utiliza las distintas formas de violencia como mecanismo para perpetuar el orden establecido y, en este contexto, la realidad es infinita e infinitas pueden ser las manifestaciones de la violencia de origen machista.

Obviamente, no todas las violencias son iguales. No todas presentan la misma gravedad y, ni siquiera, todas van a ser llevades a la justicia. Pero más allá de la resolución concreta que se otorgue a cada caso tanto en términos de castigo y/o en términos de reparación hacia las personas que las hayan sufrido, la visibilidad social de este continuo social será imprescindible para buscar abordajes comunes en términos judiciales, psicológicos, legislativos o mediáticos entre otros; es decir, si podemos hablar el mismo lenguaje y definir la naturaleza de una de las mayores lacras sociales desde la misma perspectiva (aunque sin duda habrán matices) quizás confundimos menos a la ciudadanía y enfrentamos mejor a la ultraderecha.

Este lenguaje común no debe hacer hincapié en la forma en que las víctimas viven o expresan su dolor o incluso la ausencia de dolor. Las estrategias de afrontamiento de cada persona serán distintas y todas legítimas. Si volvemos -tanto a nivel judicial como a nivel social- a definir la existencia de las violencias machistas en función del comportamiento de la víctima volvemos, por un lado, a revictimizar y por otro, a perder esta perspectiva estructural, que es la que nos permite entender por qué se producen y qué función tienen: el inmovilismo social.

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