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Opinión | MIEL, LIMÓN & VINAGRE

Albert Soler

Albert Soler

Periodista

Príncipe Harry, hace frío lejos de Buckingham

El príncipe Harry y su señora, Meghan Markle, parecen estar al borde del divorcio, si hemos de hacer caso de lo que auguran la revistas que se dedican a eso, a divorcios y noviazgos de famosos

El príncipe Harry

El príncipe Harry / Redacción

Hace frío lejos de Buckingham, aunque viva uno al sur de California, donde decía aquél que nunca llueve. Hace frío porque independizarse económicamente de la familia suena muy bien, hasta que cae uno en la cuenta de que la familia es una de las más ricas del globo, y ahí fuera deberá uno empezar a ganarse la vida, aunque sea apareciendo en shows televisivos, que a Dios gracias no faltan en Estados Unidos. Tanto frío hace lejos de Buckingham, que hasta las relaciones se enfrían.

El príncipe Harry y su señora, Meghan Markle, parecen estar al borde del divorcio, si hemos de hacer caso de lo que auguran la revistas que se dedican a eso, a divorcios y noviazgos de famosos, tanto americanas como europeas. Incluso Paris Match dedicó hace poco su portada a la pareja, destacando que hacen vida cada uno por su cuenta, como unos Juan Carlos y Sofía cualesquiera, y que incluso sus negocios van mal, cosa que confirma que, sea uno de sangre azul o roja, sea noble o plebeyo, se cumple siempre el dicho de que cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana.

Bien es cierto que ya quisieran muchos, yo mismo sin ir más lejos, la ruina de Harry y Meghan. La prueba es que hace poco, Harry cumplía 40 años y se fue a celebrarlo con los amigotes a Sudáfrica. Cuando yo cumplí 40, invité a una ronda de cañas en el bar Cuéllar.

Hace mucho que sabemos que los príncipes y princesas no solo son no son tan felices como en los cuentos, sino que suelen ser más desgraciados que los plebeyos, lo cual, no vamos a engañarnos, es para nosotros motivo de orgullo y profunda satisfacción. Los plebeyos nos conformamos con poco: ya que los nobles trabajan menos que nosotros pero viven mucho mejor, por lo menos que sean infelices en su vida sentimental, que luzcan cuernos, que duerman en el sofá, que no soporten a su familia política, que sufran de amores y que se arrepientan de su boda porque fue con la persona equivocada. Tampoco es pedir mucho. Siglos atrás, el pueblo montaba revoluciones y cortaba cabezas coronadas, hoy se conforma con que la prensa del corazón le informe de que los culos que se sientan en tronos son desdichados. La nobleza ha salido ganando porque ya no teme por su integridad física y nosotros también, que hacer revoluciones es muy cansado. La civilización era eso, lo que no sabíamos es que ésta llegaría de la mano de la prensa del corazón.

Si se consuma la ruptura, no llegará la sangre al río. Hablo en sentido textual. Enrique VIII, antepasado y tocayo de Harry, cuando quería separarse, lo que hacía era separar la cabeza de su señora de su correspondiente tronco, y a otra esposa, mariposa. Era esa una separación literal, en aquella época se tomaban las cosas al pie de la letra. Era además un sistema de divorcio que no admitía marcha atrás -nada de volver a casarse con la misma persona al cabo de los años, como Richard Burton, otro inglés, y Liz Taylor- si bien aseguraba que no hubiera muchas discusiones sobre la custodia de los niños ni sobre quien se quedaba la plaza del garaje. Afortunadamente, las cosas han cambiado incluso en la casa real inglesa, tan apegada a las tradiciones, y actualmente, cuando los príncipes y reyes se separan de sus santas, éstas conservan un lugar donde atarse el fular o colgarse el collar de perlas (dependiendo de si piensan acudir a un cóctel informal o a un acto de etiqueta), no se apure nuestra Meghan.

A sus cuarenta años, Harry únicamente sigue los pasos de su hermano William -serio y responsable- en lo que respecta a quedarse calvo. Por lo demás, son como la noche y el día, lo cual no significa que uno le haya descerrajado un tiro en la cabeza al otro, esas cosas solo suceden entre hermanos de monarquías más meridionales, en Inglaterra son más flemáticos, ahí las diferencias se solucionan tomando un té. Lo hemos visto vestido de militar -en sus distintas armas-, de etiqueta, de deporte y no sé si de campo y playa, como si fuera un Madelman, lo cual es una característica de todas las monarquías.

En España también tenemos nuestro rey Madelman, que igual aparece vestido con traje de faena militar cuando la DANA, que con el de bonito cuando hay un desfile, que de etiqueta en cualquier cumbre, que de esquiador en Baqueira. Antes tuvimos hasta un rey Madelman Safari, con su trajecito de campaña y su salacot para ir a disparar a los elefantes.

En honor a la verdad, hay que reconocer que Harry nació con una maleta muy pesada a la espalda, nada fácil de sobrellevar, como es ser hijo del mito Diana de Gales. Diana de Gales es para los ingleses como la madre Teresa de Calcuta, aunque con escaso voto de obediencia, poquísimo de pobreza y menos todavía de castidad.