
Escritora.
Inteligencia artificial
Las instrucciones que le damos a Manolito han de ser sencillas, cortas y fáciles de comprender
La IA podría producir hasta 5 millones de toneladas de residuos electrónicos en 10 años
La primera subasta de una obra hecha por un robot se adjudica por 1,3 millones de dólares

La IA está cambiando la inteligencia colectiva. / Generador de imágenes de COPILOT para T21/Prensa Ibérica.
Entreno a la inteligencia artificial que amenaza con terminar quitándome el trabajo, tarde o temprano. Soy la oveja que aplaude al lobo cuando este asegura que se la comerá. Balo: "Qué maravilla, qué honesto es, tiene mi voto". En horario laboral asisto a talleres y sesiones virtuales en los que se enseña a los participantes a manejar esta novedosísima herramienta, la máquina. Apenas participamos. Se nos insiste cada vez más en que la utilicemos para mejorar nuestra productividad. La rueda siempre encuentra formas de girar más rápido y mejor. No planteo nunca en voz alta la contradicción entre las políticas de responsabilidad corporativa y la cantidad de energía que se desperdicia así, porque todos estamos llenos de contradicciones y sin trabajo se pasa mucho frío y hambre. Entre compañeros bromeamos con que deberíamos, al menos, ponerle un nombre a la inteligencia artificial. No es nuestra enemiga sino una herramienta que nos hará la jornada mucho más llevadera. Nos decidimos por "Manolito", no tengo claro el porqué.
Las instrucciones que le damos a Manolito han de ser sencillas, cortas y fáciles de comprender. Se me va el pensamiento en debatir conmigo misma si un programa informático -un conjunto de programas informáticos- puede comprender las cosas y pienso en cuánto me cuesta a mí, un ser humano, aplicar estas directrices a mis propios textos. La gente cree que escribir es muy fácil, me hace gracia. Le pregunto "Basándote en las instrucciones -se llaman 'prompts'- que te he ido dando estos meses, ¿qué opinas de mí?". Manolito se bloquea y tarda más de cinco minutos en volver a arrancar. El tiempo que invierto en buscar una forma sencilla, corta y fácil de presentarle la tarea que quiero que realice es muchísimo mayor que el tiempo que necesitaría yo para llevar a cabo dicha tarea. Nunca le digo nada a nadie al respecto, no quiero ser esa persona, la que no le ve el sentido a esto. Tres puntos suspensivos burbujean en la esquina inferior izquierda de la ventana de chat de Teams. Aparecen poco a poco ante mí las primeras frases del texto generado por Copilot, el asistente de inteligencia artificial de Microsoft. Está en Word, en Excel, en Powerpoint, en OneNote, en Forms… Las frases forman un párrafo, luego otro, los tres puntos suspensivos aún titilan mientras el texto se va convirtiendo en un engendro que nace de mis órdenes y de toda la información compartida a la que la inteligencia artificial accede desde la nube. Rechazo este primer borrador y le pido que emplee un tono más profesional y oraciones más cortas.
Adjunto un informe en la cajita del chat e insto a Manolito a incorporar en su borrador la información resumida en la primera página del documento. Los puntos suspensivos aparecen y desaparecen, la bendita maquinita necesita un momento para digerir mis instrucciones y vomitármelas de vuelta en forma de palabras que se apilan las unas sobre las otras y que sospecho no entiende del todo. En las reuniones intento adivinar el porcentaje de contenido creado por Copilot en las diapositivas de mis compañeros.
ChatGPT está al alcance de todos y la ironía radica en que somos nosotros los que asistimos a los programas informáticos que creamos para que nos hicieran la vida más fácil. Nos necesita para poder crear, siento que enloquezco cuando fingimos que las imágenes y los vídeos generados de esta forma pueden llegar a sustituir el ingenio humano. Juego a imaginar qué sucedería si pudiese yo dedicarme a las labores creativas y artísticas que sí me interesan y pudiese delegar en cualquier tipo de asistente de inteligencia artificial todo aquello que me aburre hacer, como poner lavadoras y tender la ropa, planchar, sacar la basura, recoger paquetes de la oficina de Correos o planificar el menú de la semana. Veo en redes sociales las capturas de pantalla de una persona que le pide a la IA de su móvil que le resuma el contenido de los mensajes de Whatsapp de su madre. Me genera una pena pegajosa, extraña.
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