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Opinión | 360º GRADOS

Madrid

Gane quien gane la Casa Blanca, no decaerá su apoyo militar a Israel

Kamala Harris prometió a su vez garantizar que Israel tendrá bajo su mandato todo cuanto necesite para su "defensa"

Kamala Harris

Kamala Harris / EFE

Ningún político estadounidense puede llegar a la Casa Blanca sin referirse con ardor al que llaman "derecho de Israel" a defenderse, aunque sea mediante un genocidio como ocurre en Gaza. Y al igual que el republicano Donald Trump, que ha recibido para su campaña presidencial 100 millones de dólares de Miriam Adelson, viuda del magnate judío de los casinos Sheldon Adelson, la vicepresidenta y rival demócrata Kamala Harris no es una excepción.

Adelson había presumido ya antes de que sus millones sirvieron para que el presidente Trump trasladara la embajada del país de Tel Aviv a Jerusalén, reconociendo así como capital a la ciudad dividida, y lanzara los acuerdos de Abraham entre los Estados árabes e Israel.

En sus palabras de agradecimiento por haberla designado la dirección demócrata candidata a la Casa Blanca, saltándose todo el proceso de primarias, Kamala Harris prometió a su vez garantizar que Israel tendrá bajo su mandato todo cuanto necesite para su "defensa". Y como apoyo a lo afirmado en su discurso, el portavoz de la secretaría de Estado anunció entonces que Washington entregaría próximamente a Israel nuevo armamento por valor de 3.500 millones de dólares. Con lo que, según un informe elaborado por la Universidad Brown, de Rhode Island, sólo desde el ataque de Hamás contra Israel del 7 de octubre del año pasado, la ayuda militar de EEUU al Estado judío ha alcanzado la cifra anual récord de 17.900 millones de dólares. Y si se suma lo que han costado otras operaciones militares en defensa de Israel, incluidos los ataques contra los hutíes del Yemen, el total del gasto de EEUU en defensa de su principal aliado de Oriente Medio llega a los 22.700 millones, según el mismo informe. Todo ello mientras a los manifestantes del creciente movimiento propalestino de EEUU se les vetaba el ingreso a la Convención Demócrata para defender su causa, por lo que tuvieron que manifestarse en la calle.

Que representantes del sector considerado progresista, como la legisladora neoyorquina Alexia Ocasio Cortez, elogiaran a su vez en la Convención los "incansables" esfuerzos de Harris por conseguir "un alto el fuego en Gaza" rozaba el escarnio. No es del mismo modo sorprendente el júbilo manifestado en ese momento por Jeremy Ben-Ami, presidente de la organización sionista "J Street", cuyo objetivo proclamado es garantizar que Israel ofrezca un hogar seguro a los "judíos demócratas y amantes de la paz". Según Ben-Ami, Harris había articulado en su discurso "los valores" que inspiran a su organización y que están profundamente arraigados en el pueblo judío. Nada importa que la Vicepresidenta no se hubiera referido para nada a la complicidad de su Gobierno con la masacre de Gaza y se limitara a expresar su "pesar por las víctimas". Como se haría, por cierto, con las de un fenómeno natural como una inundación o un terremoto.